Almas al trabajo

ALMAS AL TRABAJO
Alienación, extrañamiento, autonomía
Franco Berardi, Bifo

“El alma es el cuerpo como intención, apertura hacia el otro, encuentro, sufrimiento y goce. El alma es devenir-otro: reflexión, conciencia, sensibilidad.” (Bifo)

La explotación del trabajo industrial se ejecutaba sobre los cuerpos, los músculos, los brazos. Hoy se realiza sobre el lenguaje, la inteligencia, los afectos. Vivimos en la época del alma puesta a trabajar. ¿Cuáles son los efectos patógenos –en la vida, las relaciones, la autonomía- de esta captura de la esfera más íntima del sujeto por parte del capital? ¿Qué queda del pensamiento crítico en su relación con las transformaciones del trabajo y de la tecnología en las últimas décadas? En el panorama filosófico de los años sesenta y setenta, el proceso de subsunción del trabajo ha sido definido a partir del concepto hegeliano de alienación.

El «obrerismo» italiano invirtió esta perspectiva, sustituyendo a la noción de «trabajo alienado», la noción de «extrañamiento», es decir de alienación «activa» con respecto al trabajo, de rechazo y sustracción voluntaria en aras de una recomposición social que imagine el pasaje crucial desde la condición pasiva del trabajo explotado hacia la condición de agente histórico transformador.
Paralelamente, el posestructuralismo francés propuso una inversión de la visión tradicional de la alienación psíquica. La esquizofrenia, que había sido considerada hasta entonces como una pérdida de la razón, fue replanteada por Félix Guattari en términos del todo diferentes: la forma de una conciencia múltiple, proliferante y nómada. En la actualidad, mientras nuevas formas de sufrimiento y alienación emergen en los procesos de precarización, es preciso plantear la evolución del pensamiento crítico italiano y francés para abrir vías de fuga desde las alambradas del alma.

Este libro ha sido publicado en Estados Unidos, Argentina, Suecia, Corea del Sur, Turquía, Eslovenia, Alemania e Italia.

Los teleoperadores van a la huelga


Los teleoperadores van a la huelga por la ruptura de la negociación del convenio



Los sindicatos de la mesa negociadora del convenio de centros de llamadas telefónicas han convocado paros parciales los días 22 y 29 de septiembre y una huelga de 24 horas el 6 de octubre ante la ruptura de las negociaciones.

El martes 13 de septiembre se rompieron las negociaciones del convenio colectivo de Contact Center. La patronal del sector ACE, perteneciente a la CEOE, no aceptó ninguna de las propuestas de la parte social y declaró que quería medir fuerzas con las movilizaciones convocadas por todos los sindicatos.

Ante esta situación, todos los sindicatos de la mesa negociadora del convenio han convocado paros parciales los días 22 y 29 de septiembre de 2016 y una huelga total de 24 horas para el día 6 de octubre de 2016.

La huelga puede afectar a la atención al cliente de las grandes empresas de telefonía como Movistar, Orange o Vodafone, de banca (BBVA, Santander, Bankia, La Caixa, Banco Popular, empresas energéticas (Gas Natural, Iberdrola, servicios de atención al ciudadano (010, 012, 016…). Todas las empresas con un servicio telefónico de atención al cliente o actividades anejas se verán profundamente afectadas con esta paralización del sector.

Este convenio colectivo, que afecta a más de 80.000 trabajadores del sector, es el que aplican los call centers (centros de llamadas) de las empresas del Ibex-35 que tienen subcontratados sus servicios de atención al cliente.

La Confederación General del Trabajo ha lamentado profundamente la intención del Ministerio de Industria y de algunas comunidades autónomas de establecer servicios mínimos para esta convocatoria de huelga. "Que se considere un servicio esencial para la comunidad el trabajo de los teleoperadores, con salarios de 700 euros de media, nos parece vergonzoso, inaceptable y contrario al derecho fundamental de huelga", han valorado en un comunicado.




Workers Against Work



Leer/Descargar: Aquí

"Ser sindicalista y de derechas no es incompatible"


Antonio Cabrera: "Ser sindicalista y de derechas no es incompatible" El secretario general de Sanidad en CCOO repasa una vida que a punto estuvo de estar dedicada al baloncesto.



 http://www.redaccionmedica.com/la-revista/entrevistas/antonio-cabrera-ser-sindicalista-y-de-derechas-no-es-incompatible--8151

Future of work [ROAR issiue #2]




Se admite por primera vez en el Estado Español la objeción de conciencia para no estar en una mesa electoral


Tras tocarle prestar servicio en una mesa electoral como suplente del primer vocal para las próximas elecciones gallegas del 25 de septiembre, Amparo P.D. redactó un comunicado exponiendo los motivos que le llevan a pedir la revocación de su nombramiento. En su comunicado alega lo siguiente:

"Decidí no participar de este sistema, ni votando ni como cargo en una mesa electoral: mi conciencia y mis ideales me lo impiden. Podría enumerar los motivos que me llevan a obrar de este modo y la lista sería muy larga: la desviación de dinero supuestamente público a fines personales, la desigualdad social, las ingentes cantidades de euros destinados a la represión y la muerte... Si aun así considerara que vivimos en un sistema digno con imperfecciones subsanables, no dudaría en participar en él y acercar mi granito de arena en mejorarlo, pero no es este el caso. La corrupción del sistema no afecta a sus accidentes, sino a su misma esencia; es decir, es intrínseca a él.

Soy una persona partidaria de la democracia y, por tanto, de la política que hacemos entre iguales. Y mis iguales son todos los seres humanos. Por eso, no puedo dejar de estar en desacuerdo con el actual sistema político y electoral, no puedo dejar de ver a los políticos profesionales como usurpadores de la soberanía popular y no puedo dejar de pensar que en democracia una persona no renuncia a decidir sobre los asuntos que le afectan porque deposite un voto cada cuatro años. Si a esto sumamos que muchas de las personas que forman parte del poderoso tándem estado-capital y que, por tanto, tienen poder de decisión sobre el resto, ni siquiera concurren a las elecciones, no puedo hacer otra cosa que no visitar ninguna mesa electoral, ni para votar ni para formar parte de ella.

Frente a las elecciones promovidas por el estado, propongo la autogestión y el asamblearismo, la toma de decisiones por consenso que promueve la reflexión en común y el mutuo esclarecimiento sin el que no puede existir la democracia. Solamente así podremos hacer frente al desinterés y la apatía por el público que caracteriza a un sistema que coacciona a la gente para que forme parte de sus mesas electorales.

Por último, quisiera aclarar brevemente algunas cosas. No pretendo buscar trampas y trucos que me eximan de acatar esta orden; por supuesto, tampoco tengo la intención de causar ningún trastorno la quien decida votar. Es un simple acto de denuncia de una situación injusta y, como tal, anda por el mismo sendero que transitaron y transitarán quienes tomaron decisiones similares y quienes lo harán en el futuro. Es una simple decisión que me hace rechazar participar en aquello que asfixia algunas de las expresiones más personales y profundas de mi humanidad: mi conciencia y mi libertad."

Ante estos argumentos, la Xunta Electoral de zona de O Barco de Valdeorras vino de admitir sus alegatos eximiéndola de la responsabilidad de tener que acudir en el día electoral a la mesa con un escueto pero efectivo comunicado que reproducimos "Admitir dicha excusa por estar debidamente justificada, por lo que no tendrá que desempeñar el citado cargo, quedando liberada de la obligación de comparecer."

#capitalism



El único Iglesias que ilumina es el que arde




"la degradación es trabajar toda la vida"




Sobre la odiosa contradicción de ser trabajador


Quizá comprender que vivimos una crisis civilizatoria y no una crisis económica –como lo denomina el espectáculo– suponga disminuir la exigencia a tener más Estado y más trabajo; quizá también comprender que el capitalismo no morirá de muerte natural, ayude a ver lo contradictorio de las relaciones sociales impersonales.

Sobre la odiosa contradicción de ser trabajadorNuestra civilización –entendiéndola como un presente que no cesa– goza del elenco de personas más numeroso habido en la historia que asume el trabajo como necesario para la vida y a su vez emplea más tiempo social dedicado a un fin absoluto ajeno: trabajar.

Dramático es, que la condición de trabajadoras nos defina frente al otro y este hecho organice nuestras relaciones. Somos el personaje que trabaja.

Nuestra vida, en al menos 1/3 está empeñada en conseguir un salario, 8 horas o más diarias que dejamos de lado nuestras relaciones personales, 8 horas dedicadas a relacionarnos por y para un elemento común: el dinero.


Por esto el trabajo es una esfera separada de la vida, que se abstrae de ella como el globo de la tierra, dejando fuera de ese espacio limitado y no total de la vida, la conciencia de nuestras dolencias, nuestras necesidades, nuestros deseos… De ahí que sea la noción de trabajo abstracto lo que define su realidad bajo el capitalismo. De hecho la sustancia social de la que se alimenta el capital es el tiempo de trabajo, trabajo abstracto porque es independiente de las virtualidades de cada trabajo concreto y de sus utilidades específicas. Actividades que separadas de sus especificidades sólo tienen en común que son tiempo de trabajo.

El trabajo es un afuera relativo, ya que su existencia también determina la importancia y la centralidad de las relaciones humanas en nuestras sociedades. Además, como relación social impersonal, la dinámica capitalista es capaz de transformar emociones sentidas en el trabajo como impotencia, disgusto o frustración en emociones provechosas para mejorar la productividad

Innumerables los momentos de aislamiento en el trabajo frente a la inseguridad con el resto de compañerxs –trabajo sin distracciones–, la obcecación por los objetivos frente al miedo a la pérdida del curro o garantizar nuestro puesto esforzándonos por mantenerlo –competencia y enfrentamiento entre todxs–

¡Una tiene que ir a cumplir, no a quejarse!

Es la civilización del capital quien no recompensa las distancias entre nuestra casa y el trabajo o las preocupaciones que nos llegan cuando terminamos la jornada –incrementando el consumo de drogas, regladas o no, por el aislamiento entre las relaciones humanas– A mayor tiempo dedicado a la producción de valor y mercancías, menor es el que disponemos para estar con nuestra gente querida. El fundamento de existencia y reproducción de la sociedad del capital es la separación y fragmentación entre los diferentes sujetos, de nuestras vidas. Una atomización social que es reconducida por la comunidad ficticia del dinero y del Estado.

No son recompensadas porque supone seguir la misma lógica del capital, objetivar nuestro tiempo de trabajo como mercancía.

Lo contrario, que fueran recompensadas sería principalmente el resultado de la capacidad autónoma del capital por revalorizar los salarios, además de las diferentes presiones sindicales o huelgas, aunque estas no sean siempre suficientes para equilibrar las demandas con parte del valor producido. Sigamos;

Esta separación entre el trabajo y el resto de momentos para relacionarnos con gente querida no es una construcción de la conciencia, no. Es el producto de las relaciones capitalistas, como una suerte de Deus ex Machina que introdujera rupturas de realidad permanentemente entre las relaciones humanas.

El capitalismo y el Estado son un tejido de relaciones sociales que superan nuestra capacidad para relacionarnos, debido al fundamento atomizado de nuestra realidad social como indicábamos más arriba. Midiendo, cuantificando, tasando y contrastando lo que deberían ser vínculos sociales concretos y directos –vínculos personales– tecnificando la experiencia y experimentando la técnica.

Surge así el engaño, la contradicción de ficcionalizar el trabajo, identificándonos más o menos con él. La urgencia por simular un personaje que asuma la contradicción capital/trabajo. Es a esto a lo que Marx se refería cuando hablaba del fetichismo de la mercancía.

Nuestro personaje intercambia secciones de vida –un tiempo delimitado y aislado que produce valor– por dinero –la encarnación del valor–


Sobre la odiosa contradicción de ser trabajador 2En una época de mutación de las relaciones sociales a unas cada vez más impersonales y descompuestas; mientras las desigualdades aumentan más que nunca, los movimientos no surgen al calor del rechazo del trabajo –como reivindicaba la autonomía italiana de los 70’– al contrario, brotan movimientos en defensa del trabajo y piden mayor gestión por parte de instituciones jurídicas de la economía y la sociedad. Estos movimientos nos piden que nos hagamos a un lado y prescindamos de nuestros vínculos con el otro, que defendamos el dominio de la mercancía y defendamos nuestra condición de trabajadores a tiempo completo.

Piden una mayor separación de la vida y piden un vaciamiento de contenido de nuestra gran parte de vida sensible. Las reivindicaciones no buscan la comunidad humana porque no surgen de ella, buscan la repercusión pasivo mediática y la organización a través del laboratorio social antes que el cambio de relaciones sociales, producto de las interacciones de cuerpos sin que entre ellos medie la mercancía.

Como trabajadores nos movilizamos para que nuestras vidas mejoren al tiempo que reivindicamos la existencia del trabajo. Quizá haya sido el error de buena parte de las luchas precedentes, organizar la revolución desde el argumento capitalista. El error, la organización a partir del trabajo (y por ende del capital), reconociendo que esta crisis es económica y es un problema de gestión de los medios de producción.

La cuestión está en la producción misma –de valor, mercancías, sufrimiento– como relación social abstraída que busca la acumulación de capital y su reproducción ampliada. Su organización y gestión, consideramos, no es la cuestión fundamental del sistema capitalista (¿posible crítica a los partidos políticos y a la democracia como cristalización de las relaciones sociales capitalistas?). La producción nos acerca a la barbarie.

Esta crisis, reiteramos, es civilizatoria.

Estimular el consumo para salir de la crisis, resulta utópico si entendemos todos sus efectos y el presente civilizatorio. Estimular el consumo significa nuevamente, dejar paso a la libre mercantilización de la vida.

La realidad dicta que es el consumo de trabajadores por el capital lo que aumenta, como sujetos flexibles y aislados entre nosotros. Trabajadores sin vínculos, esto es lo homogéneo en estas relaciones sociales. Nuestra comunidad ficticia basada en ser ficción en el trabajo, el dinero en forma de salario, el tiempo de trabajo gastado en forma de valor –sustancia inmaterial que mediante su acumulación e intercambio, hace posible el desarrollo de las relaciones sociales capitalistas–

Nuestra capacidad de imaginar, empozada. La naturaleza, estéril. La vida, mercantilizada.

El decorado que genera el teatro de los trabajadores son las villas miseria, las infraestructuras faraónicas –que permiten la aceleración del intercambio de mercancías, midiendo en tiempo y no en distancias la geografía, tecnificando la noción de lejanía– y la arquitectura del aislamiento y represión.

Y su trama se desenvuelve entre la vampírica apropiación de valor frente a la disolución de los vínculos humanos y la creación de trabajos que tratan de producir y gestionar en el menor tiempo posible las mercancías.

Confiar en el intercambio mercantil como forma de justicia y equilibrio social supone reconocer la propiedad exclusiva y su explotación privada. El liberalismo, a través de las expropiaciones originarias en la modernidad, se valía de este intercambio mercantil para extender su dominio tanto territorial como social y promocionar políticas mercantilistas y discriminatorias. Este intercambio está en la génesis del Estado Moderno (efectivamente, Capitalista)

Sobre la odiosa contradicción de ser trabajador 3Hay que hacer arder el teatro del mundo, no basta con salir de la esfera económica escaladamente o nutrir los ayuntamientos del cambio con sentido de acumular fuerzas. Esta incoherencia refuerza la presencia de las relaciones impersonales. En este momento histórico de imposibilidad de revalorización del capital –que desde los 70’ comenzó a menguar su rentabilidad, al aumentar costes de explotación– demandar más empleo multitudinariamente significa emplear energías vitales para la causa de nuestros males, es la contradicción en movimiento.

Explicitar que el paradigma relacional en Occidente está mutando al paradigma corporativo y estatista es quizá, entender la dominación del capital y el Estado en la sociedad del trabajo. Nuestro mecanismo frente a esta dominación es el engaño, el ser ficción al menos un tercio de la vida, pensándonos falsamente libres el otro tiempo sin trabajar, interiorizando el uso del dinero como un elemento consustancial a la interacción humana. Esta es nuestra libertad, elegir a qué supermercado ir a gastarnos el dinero.

La mercancía es susceptible de ser controlada, nunca nuestras aspiraciones revolucionarias.


A. I., miembro de Colectivo Germinal

http://colectivogerminal.org/656-2/


"Los patrones sólo entienden un lenguaje: Huelga, bloqueo, sabotaje"




En casa lo mismo que en el trabajo




El trabajo redibuja el mundo a su imagen y semejanza




El fin del trabajo es el comienzo de nuestras vidas




Antes de morirme



Igual muchas aún no sabéis de la existencia de un nuevo “movimiento” dentro de aura de Podemos el cual se llama Jóvenes en Pie, hace poco que surgieron y han venido por lo que parece a reclamar un poco más de socialdemocracia para la juventud. A articular el mensaje que están lanzado desde el partido, pero dirigido a un “target” millenial, el cual se mueve por su propia identidad cultural con un fuerte componente de los lenguajes que se crean en las redes. Como estrategia para la captación de votos no es mala, pero la realidad está siendo unas campañas que parecen dirigidas a Ned Flanders.




La última lanzada en las redes, empezó con un guiño a lo que seguramente es una de las canciones del verano para este “target”,Antes de morirme de C. Tangana feat Rosalía, he de reconocer que me gusta bastante. El lema utilizado en la imagen fue “Antes de morirme quiero un contrato indefinido”. La verdad que casi que me muero cuando lo leí en Twitter, parece que la campaña se la ha hecho Willyrex, para algo medio subversivo que tiene la canción, cogen y se lo quitan, puta vida tete.

“Yo no quiero hacer lo correcto, pa esa mierda ya no tengo tiempo, no vas a escuchar un lamento, pa esa puta mierda ya no tengo tiempo, antes de morir quiero el cielo, el ciento por ciento, antes de morir quiero el cielo el ciento por ciento, por cierto.”

Entrando en lo importante de la campaña, como explican muy bien aquí, el contrato indefinido no es fijo, en España no tenemos contratos fijos, incluso en la administración es posible el despido disciplinario, el objetivo, el ERE o incluso el despido improcedente del personal laboral. Por ahora lo único que se puede considerar más o menos fijo son los puestos de funcionariado de carrera, pero por ahora, no son pocas las voces que los últimos años están pidiendo que esto desaparezca.

¿Entonces qué implica tener un contrato indefinido? Mientras el contratante no manifieste que quiere echarte a la calle, no vas a tener que estar renovando el contrato cada X tiempo. Lo que tenemos en España es una mala interpretación de lo que son los contratos indefinidos, como bien explican aquí, muchas empresas realizan fraude con los contratos temporales, pensándose que es la fórmula que más rentable les sale, cuando realmente el contrato indefinido que tenemos después de la última reforma laboral tiene muchas facilidades a la hora de querer deshacerse de alguna trabajadora. Además de los incentivos fiscales que obtienen muchas empresas a la hora de contratar a trabajadoras indefinidas.

¿Pero si tienes un contrato indefinido es más difícil que te tiren? Quitando los contratos por ETT’s, los minijobs y diferentes mierdas que nos han colado en las últimas décadas, no tiene porqué. Hoy en día existen los indefinidos por fin de obra, en los que te pueden tirar a la calle cuando quieran, alegan que se ha acabado la “obra” por la cual estabas contratada y te vas a la calle. Además para el indefinido como tal, una empresa lo tiene que hacer muy mal para tener que pagarte más de días por año trabajado, con alegar que el despido se realiza por causas económicas u organizativas sin tener que dar más explicaciones ya lo tiene hecho.

Eso que se llama hoy contrato indefinido, en la realidad no nos da ninguna seguridad de la durabilidad del puesto de trabajo en el que nos encontramos. Su utilidad seguramente tenga más que ver con la facilidad de poder acceder a una hipoteca, un préstamo o en algunos barrios un alquiler, parte de las bases de ese social welfare que está desapareciendo a marchas forzadas. No voy a negar que esa sensación de seguridad en nuestro imaginario que crea esto, no tenga sus ventajas, pero dista de la realidad del modelo de empleo que sufrimos.

También es interesante observar esta demanda desde la perspectiva laboral y social en la cual nos encontramos, ante unos tiempo líquidos como dice Bauman, donde cada día se nos exige más flexibilidad en nuestras vidas y sobre todo en el mercado laboral, con unos medios bombardeandonos constantemente con la idea de reinventarnos día a día y con el engaña bobos del emprendimiento, parece que el trabajo indefinido crea una fuerte contradicción en nuestras vidas. Además que es uno de los síntomas de la derrota del ciclo de luchas de los 70, ya que justamente las obreras querían escapar de todo esto.

Ante este panorama laboral y social, antes de morirme no quiero un contrato indefinido, lo que de verdad quiero és “ne travaillez jamais” como se podía leer en aquella pared de París en el 68. Cómo esto parece que no se va a hacer realidad a corto plazo, las únicas formas que van a poder aguantar el envite neoliberal, llamado crisis, en el actual mercado laboral pasan por la organización. Desde abajo, poniendo la vida en el centro y no sólo el trabajo vamos a poder ir transformando nuestras realidades más inmediatas para poder escapar de esta cosa escandalosa que nos hace todo el día working sin descansar.



Antes de morirme, antes de que muera yo, quiero ver ese Sindicato Mantero, esos sindicatos de barrio, esos colectivos solidaridad, esos grupos de apoyo mutuo, la CNT, la CGT, esas oficinas precarias, las kellys… que tienen mucho compás. Antes de morirme, antes de que muera yo, quiero que juntas toquemos el cielo. Eso es un proceso costoso, no es fácil y seguramente nos llevara mucho tiempo, nos va a tocar reconstruir afinidades, pensar en una vida en común, plantear alternativas a este sistema, seguramente nos cueste mucho, pero no quiero hacer lo correcto (conformarme con un trabajo indefinido), para esta mierda ya no tengo tiempo, antes de morir quiero el cielo, el ciento por ciento, por cierto.


Tienes que tener ya algo muerto por dentro como para querer un contrato indefinido. La nueva política a este paso va a destrozar más jóvenes que la heroína en los ‘80.




¡Claro!



España cada día se parece más a Suecia ...



¿Por qué trabajamos?




Contratos basura a tres euros la hora.


Contratos basura a tres euros la hora: así es el trabajo de los encuestadores telefónicos en España



El pasado junio, Julia (nombre ficticio) ganó poco más de 900 euros. Todo un gran sueldo para los 500 o 600 que suele ingresar al mes como encuestadora telefónica. La contrapartida de ese salario extra es que tuvo que trabajar a destajo: jornadas de siete horas diarias, a veces, 12, siete días seguidos de trabajo y tan solo uno de descanso.

Los sondeos electorales y las encuestas internas de los partidos políticos encargadas para las pasadas elecciones generales del 20 de junio le proporcionó un pico de trabajo inusual al comienzo de verano, mejorando su sueldo a cambio de largas jornadas laborales.

"Te amenazan y directamente te dicen que si no quieres trabajar ya lo hará el siguiente y el problema es que si te quejas ya no te vuelven a llamar", describe Julia, de 45 años, sobre una de las varias empresas en las que lleva trabajando como encuestadora telefónica a lo largo de los últimos ocho años.

Tras los errores en los resultados de los últimos sondeos políticos, VICE News ha hablado con el último eslabón de la cadena, las personas que se encargan de llamar a los encuestados, y todos ellos denuncian las precarias condiciones laborales de un sector en el que trabajan mayoritariamente mujeres de entre 40 y 60 años y cuyo nuevo convenio laboral lleva negociándose entre patronal y sindicatos casi seis años.

Los trabajadores entrevistados por VICE News piden que no se les identifique por su nombre real y que no se aporten detalles que puedan ayudar a revelar su identidad.

Como Julia, el trabajo de todos ellos depende de que una u otra empresa les llame para el siguiente estudio. Los contratos suelen ser por obra y servicio. Los que llevan más tiempo son fijos discontinuos, es decir, si no hay trabajo se les manda a casa con la seguridad de que les llamarán para la siguiente encuesta, aunque eso no es siempre una garantía.

"En la empresa donde más trabajo existen dos listas, la A, donde están los que llevan más tiempo, y la B, donde estamos el resto, tiran de la primera y si eres de la segunda simplemente te dicen que al día siguiente no vengas", explica Julia.

El convenio relativo a las empresas de consultoría y estudios de mercado y de la opinión pública, que está vigente, mientras no se apruebe uno nuevo, establece para los encuestadores un sueldo bruto anual de en torno a los 9.000 euros, lo que sitúa la hora en 4,68 euros.

Los trabajadores entrevistados señalan que su sueldo neto a la hora suele variar entre los 3 y los 5,80 euros, dependiendo de la empresa que les contrate. "En un mes, si trabajo todos los días y no hay festivos llego a ganar 500 y pico euros", cuenta Marta, de 51 años, quien lleva cerca de tres lustros trabajando en el sector. En su casa viven tres personas y cuando el sueldo no le llega dobla turnos en dos empresas.

"Yo cobro más cuando estoy en paro [cobrando el subsidio por desempleo]", continúa. Pero su prestación por desempleo suele guardarla para los meses que sabe que no habrá trabajo, habitualmente, verano y el periodo de las fiestas navideñas. Este año ha sido inusual y todas han tenido más trabajo por la repetición de elecciones.

Las condiciones laborales varían de una empresa a otra, pero la gran mayoría de las entrevistadas relatan situaciones parecidas. "Como la marcación es automática cuando te levantas al baño hay un orus [un reloj que se pone en marcha en cuanto el trabajador mete su clave] en el ordenador que tienes que parar para que detenga las llamadas. Entonces, otro reloj se pone en marcha para contabilizar el tiempo que estás de descanso, si te pasas te lo descuentan y si vas al baño, también", señala Marta.

Cuando comienza un nuevo estudio, la empresa que lo encarga o que contrata a los encuestadores explica la metodología y las cuotas que son necesarias —perfiles de sexo y edad—. "Suele durar mínimo una hora y nunca te lo pagan", afirma Belén, de 42 años, quien ante la falta de trabajo en su sector decidió trabajar como encuestadora este último año.

La Asociación Nacional de Empresas de Investigación de Mercado y Opinión Pública (Aneimo) agrupa el 62% de las empresas del sector, según explica a VICE News su gerente, Juan Ramón Navarro. De ella forman parte Grupo Análisis e Investigación, Ipsos o TNS/Kantar. No forma parte de la patronal del sector, Sygma Dos, cuyos sondeos políticos fueron numerosos en las anteriores elecciones y es una de las empresas mencionadas por los trabajadores.

La gran mayoría de los sondeos se centran en el consumidor, en estudios políticos y de opinión.

"El briefing inicial de los estudios está dentro de las encuestas y estas se pagan al completo", subraya Navarro respecto a las horas no remuneradas que denuncian los trabajadores. VICE News se puso en contacto con Sygma Dos para recabar su información pero declinaron alegando que todos sus responsables estaban de vacaciones.

Los espacios en los que trabajan los encuestadores suelen ser reducidos y sin apenas luz natural. Habitualmente son salas en las que llega a haber unos 40 trabajadores. Se sientan en mesas de cuatro puestos con la espalda prácticamente pegada a la del compañero de detrás.

"Piensa en el locutorio más cutre [en mal estado] y acertarás", describe Belén. Los trabajadores denuncian que las sillas suelen tener más de 20 años. Los equipos no se quedan atrás y en varias empresas aún emplean pantallas de tuvo catódico, que ocupan más espacio en las mesas y desprenden más calor.

Los descansos —no incluidos en el convenio— son los pactados con los sindicatos, explica el gerente de Aneimo. La realidad que cuentan los trabajadores es que depende de cada empresa y de cada estudio, y en el briefing inicial se informa a los encuestadores de cuándo pueden descansar. A veces son cinco minutos cada hora —como el establecido en el sector de Telemarketing—, otras cada cuatro horas.

"Lo demás te lo descuentan", sostiene Belén, quien explica que en la última empresa que estuvo solo había dos baños para 40 encuestadores, la mayoría mujeres. "Te tirabas en el servicio por lo menos siete u ocho minutos porque no había suficientes baños", señala.

Varias de las entrevistadas aseguran que cuando firman sus contratos solo ven que sus días de trabajo son de lunes a domingo. "Sé que está bien porque cuando voy al paro veo que el certificado de empresa está correcto", señala Julia, quien cuenta que alguna vez que ha pedido que le den más detalles, como saber su categoría, el convenio por el que se rige o su nómina "hasta se han sentido ofendidos" por la petición.

Las empresas nunca les dicen cuántos días va a durar la encuesta. "Ya ni lo preguntas pero no tienes manera de saber si vas a faltar y poder terminar porque no te dan la información", explica Marta, quien cuenta que es habitual que mucha gente deje el trabajo a mitad de una encuesta. "Si faltas te exigen justificante médico incluso sabiendo que ese tiempo que no has estado no te lo van a pagar", dice.

La responsable de Acción Social de Seguros y Oficinas del sindicato UGT, María Pedraza, explica que las condiciones laborales del sector reflejan "de forma brutal la precarización que ha sufrido el mercado laboral los últimos años".

En este contexto, los sindicatos han puesto sobre la mesa de negociación algunas mejoras como que los contratos discontinuos se conviertan en fijos a los cuatro años, que las órdenes de llamamiento se hagan públicas o que el día anterior a la incorporación se entregue una relación de trabajadores convocados. "La negociación lleva paralizada nueve meses y esperamos poder retomarla en otoño", explica la responsable sindical.

"Lo única ventaja de este trabajo es que no te piden titulación ni experiencia porque ya me contarás quién me va a contratar a mí con 51 años y sin estudios", relata Marta, quien explica que es un sector muy feminizado.

"A veces es un trabajo muy ingrato porque te llevas malas contestaciones de los encuestados, hasta que se dan cuenta de que no les queremos vender nada", cuenta Blanca, de 39 años, quien lleva más de 10 años en el sector.

Hacen encuestas sobre laboratorios médicos, centros comerciales, de satisfacción con bancos, servicios públicos y por supuesto sobre política: acerca de lo que los encuestados van a votar, han votado, o su opinión sobre Pablo Iglesias, el líder de Podemos.

"Las encuestas han fallado porque la gente miente y cambia de partido como de camisa", opina Blanca, quien, a diferencia de la mayoría de los españoles, desea la celebración de unas nuevas elecciones. Para ella y para sus colegas de trabajo eso significa nuevos sondeos y dinero.



Los escoltas 'fitipaldis' del diputado Soler (PP)


Los escoltas 'fitipaldis' del diputado Soler (PP): 6.700€ en multas y 34.000 en comidas


Multas de tráfico a cargo del erario público. El PSOE, que gobierna en Getafe (localidad del sur de Madrid de 175.000 habitantes), afeó en el último pleno municipal, que debatía el estado de la ciudad, que el Consistorio ha tenido que pagar las multas por las imprudencias al volante cometidas por el coche oficial del anterior alcalde, Juan Soler (PP), actual concejal, diputado autonómica en la Asamblea de Madrid y senador. Las sanciones ascienden a 6.700 euros durante la legislatura que Soler fue regidor, entre 2011 y 2015. Soler no pudo escuchar las críticas en directo, porque dejó el Pleno municipal celebrado el pasado 14 de julio para acudir a otro Pleno, el que se celebraba en la Asamblea de Madrid.



Il lavoro




Seguro se lo inventó el dueño de una empresa




"Las cosas no se cambian en la calle y sí en las instituciones"


Pablo Iglesias: “esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira”

e puede y existen partidos de izquierda que adhieren a la vía electoralista como una opción más. Esto es otra cosa. La utilización por parte de una agrupación de los discursos de la derecha que clasifican las ideologías sitúa nítidamente a un partido y sus dirigentes, pero por sobre todo genera un alerta. ¿Estará diciendo que la izquierda es el PSOE? ¿Qué la izquierda es Podemos?

“Nosotros aprendimos en Madrid y Valencia que las cosas se cambian desde las instituciones, esa idiotez que decíamos cuando éramos de extrema izquierda de que las cosas se cambian en la calle y no en las instituciones es mentira” dice Pablo Iglesias en el minuto 29 del vídeo de los cursos de verano de la Universidad Complutense  en El Escorial.

Esta explicitación, además de diversas precisiones y análisis del futuro político de la agrupación y el devenir del Estado español, fue  realizada por Iglesias en el marco del seminario titulado: “El tema de nuestro tiempo: Pensar el futuro”.

La formalización de una posición ideológica socialdemócrata, usando el término “extrema izquierda” como tantos  y tantas protagonistas non gratas de la política del Estado español, resulta vergonzante. Se asemeja más a los guiones de los informativos de TVE o el diario El Mundo, que a un líder político que alguna vez dijo tener posturas anticapitalistas.

Se puede y existen partidos de izquierda que adhieren a la vía electoralista como una opción más. Esto es otra cosa. La utilización por parte de una agrupación de los discursos de la derecha que clasifican las ideologías sitúa nítidamente a un partido y sus dirigentes, pero por sobre todo genera un alerta. ¿Estará diciendo que la izquierda es el PSOE? ¿Qué la izquierda es Podemos?

Falta por ver cuántas más de esas “idioteces” quedan por menospreciar con tan poco respeto por los grupos de luchadoras y luchadores que sí las pensamos. Aunque a esta altura…poco falta por ver.

¿Sorpresa? Ninguna.

Diana Cordero


El cambio de gobernantes es un juego para tontos





San Fermín te explota






El estudio que explica por qué seguimos votando a los políticos corruptos


El estudio español que explica por qué seguimos votando a los políticos corruptos


No somos un caso único, pero sí un buen objeto de estudio: ¿por qué si tanto nos preocupa la corrupción seguimos depositando nuestra confianza en políticos envueltos en escándalos?




Los españoles hemos visto con nuestros propios ojos cómo políticos relacionados con tramas de corrupción, de la Gürtel a Filesa pasando por unas cuantas más (que cada cual elija la que mejor se adapte a sus prejuicios) volvían a ser elegidos por los votantes. Una situación aún más peculiar por el hecho de que parece haber un clamor popular contra la corrupción que no parece refrendarse en las urnas: la última encuesta del CIS la sigue señalando como una de las principales preocupaciones de los españoles con un 43,7%, tan sólo superada por el paro.

Como es de esperar, hay un puñado de investigaciones que se preguntan acerca de tal paradoja. Una de las más recientes, y al mismo tiempo de las más elocuentes, es la que realizaron tres profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona, Jordi Muñoz, Eva Anduiza y Aina Gallego, y que fue presentada en una conferencia de la IPSA (International Political Science). El estudio, llamado ¿Por qué los votantes perdonan a los políticos corruptos? Cinismo, ruido e intercambio implícito, no sólo examina la bibliografía existente para diseñar un interesante marco conceptual sobre la cuestión, sino que también efectúa una encuesta con 1.500 ciudadanos de Cataluña que permite entender mejor la psicología del votante permisivo.

Las condiciones que prevén la corrupción

Son muchas las investigaciones que intentan poner la aceptación del corrupto en contexto. Una de las más relevantes en el ámbito español es Las consecuencias electorales de los escándalos de corrupción municipal de la Fundación Alternativas, de Gonzalo Rivero Rodríguez y Pablo Fernández-Vázquez, que llega a una conclusión sencilla, directa y contundente: “Los resultados de nuestra investigación indican que los partidos cuyos alcaldes se ven envueltos en casos de corrupción no se ven penalizados en las urnas”. Como explicó una investigación realizada en la Universidad de Nueva York, sufrir la corrupción en tu propia piel reduce mucho más las posibilidades de votar por el que la comete que la mera corrupción percibida, algo que es mucho más habitual en las sociedades desarrolladas.

Predomina la visión pragmática de que si el país, la comunidad o el ayuntamiento marchan, la corrupción resulta aceptable

Como señala el estudio realizado en la UAB, los condicionantes que aparecen con más frecuencia en la literatura científica son el partidismo, la información y el contexto. El primer aspecto, el partidismo, fue estudiado por Dimock y Jacobson en un artículo publicado en el Journal of Politics, que señalaba que el daño potencial de un caso de corrupción es mitigado cuando el que lo comete es de los nuestros. Si el caso no está claro y debemos elegir entre bajar o alzar el pulgar, es más probable que hagamos esto último si simpatizamos con el presunto corrupto. Hay que culpar a la disonancia cognitiva de esta lógica: la corrupción siempre es percibida con más fuerza entre los votantes del partido de la oposición que entre los seguidores del partido en el cargo.

Sin embargo, esta situación es atenuada si la población se encuentra debidamente informada, como puso de manifiesto una investigación publicada también en el Journal of Politics, que señalaba que cuanta más información existe sobre corrupción, más se deja notar esta en los resultados de las elecciones (obviamente). Sin embargo, lo que ocurre en muchos casos es que, si se demuestra que el político al que hemos apoyado es un corrupto, simplemente dejamos de votar, lo que explica por qué los actos ilícitos promueven la abstención más que el voto de castigo.

En último lugar, el contexto juega un papel importante. La fortaleza de las instituciones, la juventud de una democracia y la cercanía entre el corrupto y su beneficiado, que favorece el clientelismo, son otros factores importantes. Pero, como señalan los autores en su estudio, estos tres puntos son meros condicionantes que no terminan de explicar la psicología del votante. Para ello, aportan otros tres factores que pusieron a prueba en su investigación.

Los tres caballos ganadores del político corrupto

Si en un país como España, donde las instituciones son fuertes, la democracia está asentada, la población está debidamente informada (supuestamente) y el clientelismo tan sólo afecta a un pequeño porcentaje de la población, se sigue votando a los corruptos, es que algo más ocurre, señalan los investigadores. La respuesta son estos tres mecanismos.


  • Intercambio explícito. No hace falta que el político corrupto nos haya premiado con un contrato suculento o un maletín lleno de dinero para que pensemos que si es reelegido nos beneficiará. En ocasiones, señala el estudio, estamos dispuestos a pasar por alto determinados actos turbios si consideramos que el resto de cualidades del candidato son lo suficientemente positivas como para compensar su desliz, sobre todo si han sabido garantizar el bienestar de la población. Ello tiene otro correlato, y es que muchas veces se sospecha que la sustitución del corrupto por el inocente no tiene por qué resultar necesariamente positiva para el desarrollo económico y bienestar de la nación, algo que ya fue sugerido por Rivero y Fernández-Vázquez en su investigación para explicar el caso español. En resumidas cuentas, si el país, la comunidad o el ayuntamiento marchan, la corrupción resulta aceptable. Una visión profundamente pragmática.

Negar la mayor y seguir adelante como si no hubiese pasado nada suele resultar más rentable políticamente que aceptar las acusaciones

La primera hipótesis, por lo tanto, es que “la posibilidad de apoyar a un político corrupto aumentará significativamente si se considera que tiene una previa experiencia política positiva que lleve el bienestar económico a sus electores”. Según los resultados de la investigación, este factor aumenta la probabilidad de votar a un corrupto en un 14%.


  • Ruido. La influencia de la corrupción en nuestro voto depende en un alto grado de la credibilidad de que le demos. Ahí juega un papel importante el partido acusado de actuaciones ilegales: negar la mayor y seguir adelante como si no hubiese pasado nada suele resultar más rentable políticamente que aceptar las acusaciones, puesto que tus seguidores están dispuestos a creerte. De ahí que la segunda hipótesis sea que “la posibilidad de apoyar a un político corrupto aumentará significativamente si el partido político niega los cargos”. Como demostró la investigación, este factor aumenta la probabilidad de votar a un corrupto en un 10%

  • Cinismo. Una dura palabra para una triste realidad que bien define parte de la situación política en España en 2015: puede que nuestros políticos sean unos corruptos, pero también lo son los de los partidos adversarios, así que para eso, mejor no cambiar. Una terrible consecuencia del “todos los políticos son iguales” que conduce al inmovilismo y la condescendencia hacia el corrupto. La tercera hipótesis es, por lo tanto, que “es más probable que los votantes apoyen a un candidato corrupto cuando todos los partidos o las alternativas también están afectadas por la corrupción”. Sin embargo, este punto no pudo ser demostrado por la investigación, aunque los autores consideran que no se puede descartar completamente.  


http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-08-07/el-estudio-espanol-que-explica-por-que-seguimos-votando-a-los-politicos-corruptos_957479/



Change of rulers is the joy o fools






LO QUE EL VOTO SE LLEVÓ


El ritmo frenético de nuestras vidas nos ha alejado de los demás: ahora no sólo no conocemos a nuestros/as vecinos/as sino que es posible que antes de despertarnos simpatía nos den miedo. Igualmente nuestros/as compañeros/as de trabajo son seres a superar, con los que competir y no personas en las que apoyarnos para mejorar. Esta ruptura entre las personas, este aislamiento, potenciado por los sucesos que salpican a diario los medios de comunicación, es enemiga de nuestra vida.
Normalmente estamos rodeados/as de personas y, si nos arriesgásemos a conocerlas un poco mejor, descubriríamos que tienen inquietudes y problemas, muchas veces parecidos a los nuestros: un trabajo que les acapara y explota, una familia a la que no dedican el tiempo que les gustaría, poca diversidad en los momentos de ocio… Estas problemáticas comunes pueden traducirse en un mismo frente de lucha.
Ante toda esta realidad no nos queremos quedar sólo en la abstención, en la pataleta de un día y la queja de los siguientes cuatro años. Así las cosas no cambian y nuestra mala hostia crece pero no la sacamos; nada productivo sale de ahí. Una vez que empezamos a entrever el problema hay que buscar las soluciones, hay que caminar en la senda de la construcción de la realidad que nos gustaría vivir. Si tenemos claro lo que sus elecciones y su democracia no nos dan, tendremos que tomarlo nosotros/as, tendremos que empezar por poner en práctica aquello que sus charlatanes/as obvian: las cosas concretas, el diálogo, el trabajo colectivo, las relaciones humanas reales, el cara a cara. Nuestros problemas y los de nuestros/ as vecinos/as no son tan diferentes: saltemos ese obstáculo mental que nos hemos forjado desde pequeños/as y volvamos a con’ar en las relaciones humanas, en el semejante, tratemos de volver a recuperar lo comunitario, lo convivencial.
Vemos imprescindible, por tanto, avanzar en nuestra la organización en común, en generar espacios de debate, de re4exión, de intercambio de opiniones, ideas y experiencias. Utilizar la asamblea y la a’nidad como motores de lucha y de crecimiento colectivo, los problemas son miles y las posibilidades de afrontarlos en común inmensas. Potenciar espacios donde poder relacionarnos, donde poder crear formas de comunicación y acción realmente nuestras, alejadas de su representatividad, de sus mayorías y minorías, de sus cuotas de poder o de la servidumbre a intereses alejados de nosotros/as. Si algo queremos cambiar, tenemos que mojarnos y hacerlo nosotros/as mismos/as, entre todos/as, pero a través de nuestra iniciativa.
Autoorganización y lucha, dos conceptos que no tienen que sonarnos a pajas mentales ni a lejanas utopías, son prácticas que se generan en el día a día, que siempre han estado ahí. Nuestro pasado y nuestro presente están plagados de estos pequeños o grandes gestos subversivos. Ahora se ven con las asambleas en las plazas de nuestros barrios, con discusiones y debates entre vecinos/as, con comidas populares o con nocturnas marchas por la ciudad; pero hace años (no muchos) surgieron de la mano de localizados con4ictos vecinales, por simples parkings o constantes abusos policiales, y hace algunos años más, posibilitaron grandes huelgas en pro de a’anzar y avanzar en nuestras libertades. Nosotros/as entendemos estas prácticas como posibles (y aconsejables) a gran escala, para organizar toda nuestra vida, todas nuestras necesidades, pero claramente no estamos aún en ese punto, lejano todavía. Estamos a la defensiva, con un contexto socio-económico que nos avasalla, que nos gana terreno por todas partes (en materia laboral, educativa, sanitaria…), y es en este contexto en que estas prácticas las seguimos viendo como útiles, como una forma bastante pragmática de afrontar el presente, de afrontar recortes, despidos, desahucios y todo el sinfín de mierdas en las que estamos metidos/as. El debate, la discusión, la resolución colectiva de trabas, como método de afrontar unidos/as los problemas, de conseguir apoyarnos entre todos para que nadie caiga, para aprender a ganar y a no dar un paso atrás. Que nadie esté arriba ni nadie esté abajo, de tal forma que caminemos unidos/as.
¡Todo el poder para las asambleas!
Borroka da bide bakarra!!

Abstención política y política de la abstención



En épocas electorales siempre hay menciones, más bien pocas, en torno a la abstención. Pero tales discursos tienden en general a considerarla como un problema o una preocupación: si habrá mucha o poca, si afectará a uno u otro partido, si es más de izquierdas que de derechas. Y se repite, sobre todo durante la insípida jornada de reflexión, la llamada pública de las élites políticas a participar con el voto en las elecciones correspondientes. Y hasta en la redes sociales se puede leer cierta letanía que demoniza a quien se abstiene, pues por su culpa la opción x (en general esto sucede entre quienes son de izquierda) no tendrá los suficientes apoyos para obtener más escaños, o ampliar su capacidad de influencia parlamentaria o sus opciones de gobierno, dando por supuesto que quien comete dicho «pecado» es necesariamente un "indeciso" de izquierdas (¿?). En fin, la retórica política dominante, que identifica acción política con acción institucional mediada por elecciones, suele cargar negativamente contra quien en un momento dado opta por abstenerse, señalando con múltiples taras y viejas retahílas morales a esas personas como «pasotas», «desinformadas», «ignorantes», «indolentes, «despreocupadas», etc. En el mejor de los casos, están simplemente «desilusionadas» de la política.

No obstante, nunca se dice que la abstención electoral, o la abstención como acción política en general, es una opción que constituye e instituye el derecho democrático al voto. En las lides electorales los discursos suelen revertir interesadamente este derecho en deber, intentando con ello minimizar los efectos aparentemente no deseados de la opción de no votar a ninguno de los contendientes. Pero el hecho nunca resaltado es que la abstención forma parte sustancial del ejercicio del derecho al voto. En el fondo, y a pesar de la retórica dominante que la define como «el acto por el cual un potencial votante en unas elecciones decide no ejercer su derecho al voto» (ver wikipedia), es el ejercicio a un voto «contravenido»: aquel que expresa con su no-voto la opción de que básicamente ninguna de las alternativas en pugna le satisface políticamente. Es pues el derecho a contravenir la norma de votar necesariamente entre las alternativas instituidas, pues éstas no satisfacen el criterio de completitud de todas las alternativas posibles. Pero es algo más: gracias a que cualquiera puede abstenerse en una votación, el votar se define como un derecho. Si no se posibilitara la abstención, automáticamente el voto se convertiría en un deber, y como tal su contravención (el no votar), sería tipificado como delito y, por lo tanto, como punible o sancionable. Dicho de otro modo: gracias a que puedo abstenerme existe el voto como derecho. Y por esto mismo, la abstención es una opción digna, legítima e, incluso en muchas ocasiones, es la opción más adecuada.

Por otro lado, cierto es que en unas elecciones políticas, la abstención es interpretativamente escurridiza o ambigua. De ahí la desazón que casi siempre acompañan a los análisis estadísticos, que desearían amordazarla y acotarla como sucede con los votos emitidos a uno u otro partido en liza. Las razones por las que alguien se abstiene pueden ser múltiples, variopintas y extrañas. Contra quienes pretenden minimizarla recurriendo a sesgos formales, como errores en el censo, o fuerzas mayores de enfermedad, muerte o impedimentos de última hora, hay que resaltar que la abstención sólo es concebible como un acto voluntario, cuyas razones pertenecen sólo al limbo de la propia conciencia.

Quien se abstiene sabe bien (o mal) por qué no ha ido a votar. Puede que su abstención no sea «activa», en el sentido anarquista de crítica radical al sistema político representativo y mediado de las democracias capitalistas, postura por otro lado encomiable y más que correcta en la mayoría -por no decir en todas- de las aburridas convocatorias electorales que padecemos cada cierto tiempo, pero no cabe duda que quien se abstiene lo hace voluntariamente, no de forma inconsciente ni anodina ni simplona. Cabría preguntarse cuánto de anodino, inconsciente y simplón hay en mucho voto emitido por hábito, costumbre e intereses creados, y que favorece usualmente a cualquiera de los partidos habilitados a gestionar el «Poder». Aunque todos los partidos políticos electorales saben bien que la abstención no cuenta en ningún caso para el reparto final de escaños, también saben que el amplio espectro de la indecisión alimenta precisamente esa abstención. Por ello los discursos electorales al principio se suelen orientar a los votantes propios, y en la segunda mitad de campaña al maremágnum del voto indeciso. O al revés, según sea la hidalguía del partido que se presente.

En resumen: 1º Toda abstención es voluntaria. 2º Toda abstención es intrínsecamente política. 3º Al ser un contravención a las opciones dadas, las razones últimas de toda abstención se escapan al acotamiento estadístico. 4º La abstención es fuertemente contextual y dinámica: quien se abstiene hoy puede que no se abstuviera ayer y viceversa. Y 5º y central, la abstención es consustancial al derecho al voto, forma parte indisoluble del propio derecho a votar (o no votar) y, por lo tanto, es tanto (o más) digna y necesaria para una democracia como el propio voto a cualquiera de las alternativas dispensadas.

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Toda persona que haya participado activamente en algún momento de su vida en una asamblea plena, es decir, en un procedimiento de democracia directa entre iguales, sabe bien el valor político de la abstención. No es infrecuente que ante una propuesta o varias poco definidas, o insuficientemente argumentadas o cuyos objetivos no estén del todo claros, una mayoría de dicha asamblea simplemente se abstenga, lo que significa casi siempre que no es que estén en contra, si no que esperan que argumentos, objetivos o procedimientos se presenten de un modo más esmerado o matizado para que cada abstinente se decida o no apoyar la propuesta en cuestión.

Y hemos podido ver cómo el PP hace escasos meses pedía al PSOE que se abstuviera en la elección de investidura de Mariano Rajoy, cosa que probablemente se repita tras las elecciones próximas. Aunque a mucha distancia este ejemplo parlamentario del asambleario anterior, ambas situaciones reflejan la importancia política de la abstención, lo que ilustra cómo de una abstención política electoral (sin programa político explícito) se puede pasar a una política activa de la abstención. La abstención a veces concede respiros, otras limita gobiernos, y las más de las veces expresa de modo activo precisamente lo único que da valor auténtico a la democracia, más allá del sistema instituido que la encorsete: el disenso.



Volvemos a votar





OBJETOR ELECTORAL, DE NUEVO - LA TERCERA YA


OBJETOR ELECTORAL, DE NUEVO - LA TERCERA YA

Hace unos días recibí en mi casa una notificación por la que se me nombra miembro de una Mesa Electoral para las Elecciones Municipales del 26 de Junio de 2016, en calidad de Suplente del Presidente, de la Mesa del IES Fdo. Quiñones – Jerez de la Frontera, teniendo que acudir obligatoriamente a las 8 h. de la mañana de ese día, bajo amenaza de que, en caso de no concurrir, incurriré en pena de privación de libertad de 14 a 30 días y multa de dos a diez meses. 

Ésta es la tercera ocasión en la que se me obliga a formar parte de una mesa electoral.
He presentado una Declaración de Objeción de conciencia a la Junta Electoral de Zona.

"Mi conciencia e ideología se ven violentadas con el hecho de tener que colaborar con un sistema electoral y un modelo político con el que estoy en profundo desacuerdo. Esta democracia representativa, burguesa y meramente formal, deja la capacidad de decisión en manos de una élite, la clase política, que ostenta el poder a espaldas de la ciudadanía, ostenta privilegios y se lucra, en connivencia con el Capital. Mis supuestos representantes no son más que usurpadores de la soberanía popular, a la que dicen responder mediante una farsa electoral que se escenifica una vez cada 4 años"
(Recupero aquí una imagen de mi protesta con la camiseta de 2004)



Como hemos anunciado ya por otros medios, se confirma la buena noticia de la absolución de los dos huelguistas del 29M juzgados en las últimas semanas. Gracias a todas por el apoyo mostrado! ‪#‎lavagaquevolem‬



... estamos en época de elecciones




La magia de las elecciones





El arte de la magia ha fascinado a todas las personas desde la Antigüedad hasta nuestra época. Más allá del halo de misticismo en que suele mostrarse envuelta, la magia cuenta con un elemento esencial que es el que ha contribuido a alimentar esa fascinación que toda civilización ha compartido a lo largo de nuestra historia: la ilusión.

La ilusión, y por extensión toda práctica de ilusionismo, consiste en la percepción a través de los sentidos de un suceso que contradice las leyes naturales, nuestra experiencia o nuestra propia razón. Es la percepción de algo que no puede ser real, pero que sin embargo estamos viendo con nuestros propios ojos. Durante un espectáculo de magia, ese suceso (o efecto) nos produce una enorme fascinación; en primer lugar por hacernos sentir que lo imposible es posible, que ciertas certezas absolutas con las que vivimos a diario pueden desmoronarse con una facilidad pasmosa, lo que nos permite abrir nuestra imaginación hacia límites que jamás nos hubiéramos planteado antes; y en segundo lugar porque nos activa la curiosidad innata que el ser humano tiene por tratar de comprender aquello a lo que no encuentra explicación posible.

Desde el punto de vista del mago, la ilusión se construye a través de una serie de mecanismos, o trucos, que harán posible el engaño óptico. Sin embargo, aunque esos mecanismos secretos suelen ser el objeto de toda curiosidad despertada por un efecto mágico, en realidad el elemento clave con el que cuenta el ilusionista no es otro que el control de la atención de su público. La magia, en efecto, consiste en conseguir centrar toda la atención allá donde al mago le interesa para impedir que podamos captar el mecanismo que produce el efecto. Pero bueno, os preguntaréis, ¿esto no iba de las elecciones?

Y así es. Esta breve introducción al mundo del ilusionismo nos va a servir para tratar de abordar la cuestión electoral desde una perspectiva algo más amplia de la habitual. Suponemos que a través de las elecciones es cómo podemos participar de la vida política, controlar a nuestros gobernantes, influir en la sociedad, etc, y sin embargo observamos que después de varias décadas de sufragios cada vez hay una mayor desafección política, a los gobernantes no se les puede controlar ni a través de la justicia, y más que influir en la sociedad, ésta literalmente nos aplasta. ¿Por qué entonces las elecciones no están sirviendo a su propósito? A través de la comparación con el mundo de la magia, trataremos de descifrar qué de ilusorio podrían tener las elecciones, qué mecanismos podrían operar en ellas, y qué conclusiones podríamos sacar de todo ello.

Como hemos visto, La magia de las elecciones una ilusión nos presenta un suceso que ocurre de una determinada forma mientras que en el fondo sabemos que la realidad es muy diferente. Atendiendo a esta descripción, pensemos, ¿qué ilusiones podemos encontrar en el electoralismo? Es decir, ¿cuáles son esas maravillosas promesas que nos proporcionan las elecciones aunque sepamos que la realidad después se muestra bien diferente? Veámoslas con detalle.

La ilusión de la pluralidad:

¿Representan las modernas democracias representativas la pluralidad de todo el espectro político? En realidad sólo generan la ilusión de que las diferentes opciones políticas pueden participar, pero están todas condicionadas. Están condicionadas por los requisitos de participación, están condicionadas también por la proporcionalidad matemática (la tramposa Ley d’Hont), y además, una vez establecido el gobierno, sólo la fuerza (sea única o en coalición) que obtenga algo más del 50% de los votos legislará y decidirá por todos, quedando así totalmente fuera de la aportación legislativa el resto de opciones minoritarias.

Aunque quizá sea peor todavía la falta de representatividad sobre la realidad social existente. Por muchos partidos que salieran, nunca habrán los suficientes para representar todos los espectros sociales. De la misma manera, al tratarse de un sistema fundamentado en mayorías, inevitablemente se está desechando toda la pluralidad y toda la capacidad de aportación política y social que podría emanar de la población misma. La realidad es que el sistema electoral nos excluye, nos obliga a tener que optar por la representación de unos programas políticos con los que nunca estaremos al 100% de acuerdo, lo que nos obliga a hacer una buena cantidad de concesiones tan sólo por poder “elegir al menos malo”.

La ilusión de la representación:

Siguiendo al hilo de lo anterior, aún cuando sea elegido un candidato con el que nos sintamos 100% representados (uno bueno de los que se dice que pertenecen al pueblo, que ha sido obrero toda la vida, que ha luchado en la calle, y que conoce nuestros problemas), en el momento de asumir el cargo político, tanto su perspectiva y su posibilidad de representar con fidelidad esa realidad de la que procede se verá alterada por completo. Y no es tanto por aquello que se dice sobre que el poder corrompe. Pues aún suponiendo un candidato incorruptible, desde el momento en que se tiene que enfrentar a un cargo de representación de una mayoría (que no representa a la totalidad de la realidad social que gobierna) dicho cargo le exigirá cumplir con una serie de atenciones a la población, de negociaciones, de presiones y de debates con otros cargos representativos, que lo alejarán irremediablemente de la perspectiva de su anterior vida como obrero, como vecino o como luchador. Su posición habrá dejado de ser la que tenía antes de ser elegido y cualquier decisión que tome ya no será como la persona que era antes, pues ya no llevará la vida del gobernado, ni sentirá tampoco las repercusiones que sus propias decisiones acarreen sobre la población, ni conocerá las necesidades, el día a día, ni lo que se siente siendo obrero o ciudadano bajo su mandato.

Sin embargo, la ilusión de la representación de la mayoría, que a sus propios ojos lo legitima para gobernar sobre todos, le convencerá de que sus decisiones serán siempre las mejores de entre todas las posibles. Y así hará lo posible por acatarlas, aún creyéndose realmente bondadoso, a través de los medios por los que la instituciones se valen para hacer cumplir sus leyes, es decir por la fuerza. Si no las cumples, serás castigado estés o no de acuerdo, y te represente realmente o no el gobernante que hace las leyes.

La ilusión de la participación:

Cuando a través de nuestro voto logramos cambiar unos gobernantes por otros, analizamos si el nuevo candidato será más o menos malo que el anterior, pero no nos paramos a pensar en lo perverso que hay por encima de esos candidatos, en lo perverso del sistema mismo, en lo perverso de las reglas del juego. Y se nos convence de que la única forma que existe de hacer política es votando a unos u otros. Se nos convence de que si no votamos, entonces no podemos hacer política. Y con tales premisas, repetidas una y otra vez hasta el hastío, es como de un plumazo se desvanece de nuestra propia concepción  de la realidad social toda opción alternativa de poder hacer política, cuando hay miles de formas para poder ejercerla, para poder influir en la sociedad, para poder construir sociedad, y para tomar decisiones propias y colectivas…

La ilusión del control ciudadano:

Otra ilusión muy extendida es que a través de nuestro voto podemos controlar a los políticos, pues si no cumplen la voluntad popular, entonces serán castigados en las próximas elecciones. Pero, ¿qué sucede durante esos cuatro años? Los gobernantes hacen y deshacen a placer sin que tengamos la posibilidad de intervenir en sus decisiones, en el dinero que manejan o en sus negociaciones, más allá de protestar y presionar en la calle. Si lo pensamos bien, más que controlarlos, son ellos los que nos controlan a nosotros a diario, a través de sus leyes, de sus medios de comunicación y a través de la acomodación que surge una vez que dichas leyes están instaladas. Incluso si lo pensamos un poco más todavía, el mismo hecho de votar es parte de esa acomodación y aceptación de las pocas reglas de participación política de las que disponemos,  lo que nos impide pensar en otras alternativas de organización social y, como consecuencia lógica, vuelve a suponer un modo más de controlarnos.

La ilusión del voto como derecho:

No es un derecho ejercer una acción que lo que hace es delegar todos tus derechos de participación social y política a otra persona. Más que un derecho es la cesión de tus derechos. Y hagas lo que hagas, votes o no votes, o votes a quien votes, la delegación de nuestros derechos se va a hacer efectiva y pasará a seguir formando parte del control del Estado. Esto convierte al voto justo en lo contrario que un derecho: lo convierte en una coacción.

Otra perspectiva es la que nos recuerda la importancia del voto en base a la cantidad de luchas que supuso conseguir instaurar unas elecciones democráticas. Y más viniendo como venimos de una desgraciada y miserable dictadura. Durante el franquismo también existieron varios referéndums, y eso no convirtió al voto en un derecho ya que pesaban sobre dichos procesos electorales enormes condicionantes. Sin embargo, a lo largo de este artículo, estamos desgranando la existencia también de múltiples condicionantes en los procesos electorales de las democracias representativas. Y son suficientes condicionantes como para hacernos dudar seriamente sobre la consideración del voto como de un derecho.

La ilusión de la igualdad del votante:

Atendiendo a la lógica matemática de las elecciones, los sistemas de reparto de escaños y los porcentajes hacen que no valga lo mismo el voto de una persona que la de otra. Pero el problema es más profundo, pues en una sociedad que es injusta y desigual en muchos otros planos (económico, social, cultural…), el voto mismo se verá siempre condicionado, pues la desigualdad es previa al acto de votar. Para verlo con mayor claridad, podemos recurrir al ejemplo de los trabajadores por cuenta ajena de las grandes empresas que (amparadas por los poderes políticos) dominan el mercado laboral a través de monopolios, oligopolios, o a través del acaparamiento de medios de producción. Como dichos trabajadores mantienen una relación laboral de dependencia, su voto estará siempre fuertemente influenciado por los intereses de esos grandes capitales protegidos, de esos monopolios, terratenientes, etc, que les “aseguran” el trabajo sin el cual no podrían sobrevivir. Y así ocurre con cualquier tipo de relación coactiva o de dependencia. De esta forma, quienes ejercen la mayor parte del poder dominan también el discurso electoral, y por tanto influyen de forma decisiva ya no sólo sobre la orientación del voto si no incluso sobre los contenidos de los que habrán de tratar los distintos partidos políticos que se consoliden. De esta forma es como la desigualdad social existente se acaba transportando al propio acto electoral.

La ilusión del poder del político:

A través de la lógica de las elecciones, tendemos a considerar a los candidatos que resultan del proceso electoral como los nuevos acaparadores del poder. Como si los gobernantes fueran la máxima autoridad y tan sólo de ellos dependiera toda la construcción del orden económico y social. Obviamos a través de tal ilusión la existencia de los lobbys y de las redes clientelares ya extendidas hasta la médula del sistema parlamentario. Quienes ocupen la gobernancia no tendrán más remedio que continuar recibiendo las presiones de esos lobbys, así como también descubrirán que la inmensa mayoría de las leyes están bien ancladas para perpetuar el sistema de dominación y privilegios, que hemos visto anteriormente como generador de desigualdades, lo cual le obliga al nuevo gobernante a participar sí o sí de ese clientelismo ya instaurado. Tan sólo en las parcelas que no interesen a los grandes capitales ni a los grupos de presión será en donde el gobernante podrá tener cierta libertad de legislación.

La ilusión del ciudadanismo:

Esta ilusión trata sobre cómo las elecciones democráticas indirectas alteran nuestra propia subjetividad, nuestra percepción de nosotros mismos. A través de los distintos discursos acerca de las bondades del voto, del derecho consagrado que supone y de la más alta capacidad de participación que nos permite (aunque ya hemos visto que no se trata más que de meras ilusiones) se inserta la participación electoral dentro de la idea de lo que supone ser un buen ciudadano. Trabaja duro, no protestes, paga los impuestos, sigue la corriente, no cuestiones el funcionamiento de las cosas… ¡y vota! Este concepto instalado en el imaginario colectivo de lo que supone ser un buen ciudadano, y que no es más que la suma de comportamientos que colaboran con la continuación del orden impuesto, no sólo condicionan la imagen que tenemos de nosotros mismos o nuestros actos, si no que además genera la ilusión de que la democracia representativa, la delegación, la obediencia y la dejadez son inherentes al ser humano. Por tanto, refuerza la ilusión de que el voto es un noble y grandísimo valor humano, y una de las máximas aspiraciones que podemos alcanzar. Y, aunque es cierto que quizá sea preferible a otras formas de organización social anteriores, considerar la democracia representativa como la más sublime de las posibilidades nos impide pensar en otras opciones, en otras formas de organización, que podrían ofrecer solución a los problemas inherentes al actual sistema y que tanto sufrimiento están causando a la población en este tiempo. Pensar que los Estados Modernos y sus democracias representativas no acabarán nunca por hundirse y que nunca serán sustituidas por otras formas de organización política, al igual que ha pasado históricamente con anteriores civilizaciones, es una somera ingenuidad.


¿Y todo esto por qué? Volviendo al principio, como en todo espectáculo de magia, detrás de cada ilusión vislumbramos las distintas formas empleadas para desviar nuestra atención con el objeto de ocultar los distintos trucos y mecanismos que utiliza el ilusionista. Las elecciones no suponen más que una ilusión que, a poco que profundicemos sobre ella como acabamos de hacer, no resulta ser tal y como se nos muestra. ¿Por qué entonces cala en la población con tanta ceguera, hasta el punto de hacerle creer que tan sólo a través del voto está pudiendo ejercer una plena participación democrática? Aquí es donde interviene la habilidad y la capacidad del ilusionista, consiguiendo desviar nuestra atención hacia cuestiones como la ley d’hont, las circunscripciones, los distintos programas políticos, las coaliciones, la importancia de votar, el peligro de no participar… obligándonos a pensar que el secreto de la magia de las elecciones, de esa fascinación que nos invade cada cuatro años, está en esas cuestiones superficiales, y evitando habilidosamente que caigamos en la cuenta o que pensemos en los mecanismos con los que funciona realmente este sistema.




Más allá del efectista truco de magia que suponen las elecciones, más allá de lo que podáis disfrutar o sufrir participando o absteniéndose, no deberíamos olvidar nunca que las opciones y posibilidades de participación política, social y económica son muchas más. Que si queremos podemos intervenir de muchas otras maneras. Y que no todo depende de un día, ni de unas elecciones, ni de una acción concreta. Que nuestras posibilidades de aportación se suceden cada día, los 365 días del año, los 1460 días que conforman los cuatro años de cada legislatura, y no sólo un mísero día. Ahí es donde reside la verdadera participación, el genuino control del ciudadano, el legítimo ejercicio de nuestros derechos, nuestra lucha por la igualdad, y la auténtica construcción de nuestra sociedad, de nuestra forma de relacionarnos, de ayudarnos, de cooperar y de crecer juntos.

¿Y por qué íbamos a tomarnos tantas molestias si solamente votando ya se ocupan otros por nosotros?

Pues porque cuando alguien tiene hambre, no es lo mismo crear la ilusión de un frugal banquete que después se desvanece, que elaborar con nuestro propio esfuerzo un plato de comida sabiendo que finalmente acabará en nuestra boca.