Después de un contrato de aprendizaje...




UGT emplaza a defender a la Guardia Urbana


Desde UGT lo hemos dejado claro desde el primer momento estamos luchando para que la imagen y dignidad de nuestro colectivo no se manche impunemente.

Por ello, además de las acciones judiciales que se efectúan desde nuestro Gabinete Jurídico, como el sindicato de Policía de UGT en GUB, hemos mantenido contactos con el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona instando a este para que tome las medidas oportunas para que cualquier ataque infundado a nuestra institución sea contestado con las acciones legales oportunas.




EL CURIOSO ORIGEN DE LA POLICÍA MUNICIPAL DE BARCELONA

Nadie debería olvidar la curiosa lección de historia que envuelve a la fundación (oficiosa, pero real) de la Policía Municipal de Barcelona, la primera guardia municipal de España. No porque sea de Barcelona, ni porque sea municipal. Lo que resulta aleccionador del caso es la intención con la que este cuerpo policial fue fundado, por quién y con qué objetivos. Algo que invita a la reflexión…

Pongámonos en situación.

Nos encontramos en la Barcelona de mediados del siglo XIX. Una ciudad industrial, repleta de luchas y tensiones sociales entre las clases privilegiadas y las clases populares.

Es en este contexto conflictivo, que el Gobierno Civil de la época decide montar un primer ensayo de brigada policial que controle la ciudad, con el subterfugio de velar por el orden público. Y para formar ese cuerpo policial, el Gobierno Civil decide…reclutar a un grupo de delincuentes.
Al fin y al cabo ¿hay alguien que conozca mejor la delincuencia que un delincuente? Como cabecilla del cuerpo, se reclutó a un tal Geroni Tarrés, un reconocido criminal, que a su vez, se encargó de reclutar a 30 amigos suyos, con los cuales había coincidido en diferentes presidios. Con tales mimbres, se formó el primer cuerpo de Policía Municipal de la ciudad. Ese cuerpo recibía el nombre de “Ronda de Vigilancia”, aunque la población de Barcelona lo conocía como la “Ronda d’en Tarrés”.

Como es de imaginar, ese grupo de delincuentes con poderes policiales, aprovechó los privilegios de su posición para liderar y controlar todas las actividades delictivas de Barcelona, al más puro estilo mafioso, centrándose especialmente en los negocios mas lucrativos, como por ejemplo, la gestión de los prostíbulos, el monopolio del juego y otras actividades ilícitas.

A pesar de lo que pueda parecer, esta organización delictiva estaba directamente subordinada al Gobierno Civil, que evidentemente, hacía la vista gorda tanto como podía ante tales actividades.

¿Y por qué razón?

Bien, pues porque básicamente, esa brigada policial había sido creada con el único objetivo de controlar y eliminar a los muchos revolucionarios que en aquella época poblaban las calles de Barcelona y que se enfrentaban a las clases dirigentes. Dicho en otras palabras: en su origen, la proto policía municipal de Barcelona era un cuerpo de matones al orden de las castas gobernantes, cuya única función era reprimir al pueblo y erradicar a los revolucionarios.

Curioso y significativo, ¿no?

Uno de los sucesos más destacados relacionado con las actividades de este “cuerpo policial”, es el asesinato del periodista Francesc de Paula Coello.

Coello era colaborador de Abdó Terrades, uno de los grandes revolucionarios de la época y en aquellos momentos, exiliado a la fuerza. Francesc de Paula Coello era joven, tenía carisma y buena oratoria y por lo tanto era un líder revolucionario en potencia, con un gran e incómodo futuro para las castas gobernantes de la ciudad. Fue por esta razón que decidieron eliminarlo.


Abdó Terrades

Por órdenes directas de uno de los hombres fuertes del Gobierno Civil, Serra i Monclús, el cuerpo de esbirros de Tarrés recibió el encargo de acabar con la vida de Coello de forma discreta y sin levantar sospechas.

El plan era matarlo la noche de San Juan, en plena festividad, simulando una pelea de borrachos, con el fin de evitar el escándalo y esquivar el peligro de una posible revuelta popular.

Pero los esbirros de Tarrés no actuaron con la discreción necesaria y la población de Barcelona averiguó que el asesinato de Coello había sido obra de la Brigada Policial de Tarrés.

Con el paso de los meses, la indignación popular causada por el asesinato de Francesc de Paula Coello, así como la provocada por los constantes abusos del cuerpo policial fue creciendo, hasta que culminó en 1854, dos años después, cuando estalló una revuelta popular en Barcelona, en la que los agentes de policía que aún permanecían en la ciudad, fueron asesinados en plena calle por la propia población.

Una curiosa lección de historia en todos los aspectos…

Evidentemente se trataba de otra época…hechos como los narrados arriba ya no pueden suceder hoy en día: la policía ya no actúa como un grupo de esbirros al servicio de los más poderosos, ni jamás ningún cuerpo policial actual se vería envuelto en ningún caso de corrupción o delincuencia organizada…

Pero a pesar de la lejanía de los hechos, es bueno conocer los orígenes de las cosas…

Y aunque la Guardia Urbana de Barcelona niega que éste sea su auténtico origen, no obviemos que todo lo expuesto surge de las investigaciones del periodista, licenciado en derecho y reputado divulgador histórico barcelonés Enric Calpena, investigaciones que son recogidas en su recién presentado libro “Memories de sang” (Memorias de sangre), de Ediciones B.

Y es que la historia, a veces, nos puede invitar a pensar…



UNO DE LOS PEORES CASOS DE CORRUPCIÓN POLICIAL

La noche del 4 de febrero de 2006 terminó con una carga policial en el centro de Barcelona. Fue en los alrededores de un antiguo teatro okupado en el que se estaba celebrando una festa. Entre los golpes de porra, empezaron a caer objetos desde la azotea de la casa okupada. Según relató por radio el Alcalde de Barcelona pocas horas después, uno de los policías, que iba sin casco, quedó en coma por el impacto de una maceta.Las detenciones que vinieron inmediatamente después del trágico incidente nos relatan la crónica de una venganza.Tres jóvenes detenidos, de origen sudamericano, son gravemente torturados y privados de libertad durante 2 años, a la espera de un juicio en el que poco importaba quién había hecho qué.

Poco importaba que el objeto que hirió al policía hubiera sido tirado desde una azotea mientras que los detenidos estaban a pie de calle. Otros dos detenidos aquella noche —Patricia y Alfredo— ni siquiera estaban presentes en el lugar de los hechos: fueron detenidos en un hospital cercano y hallados sospechosos por su forma de vestir. Poco importaba si había pruebas o evidencias que exculpaban a todos los acusados. En aquel juicio no se estaban juzgando a individuos sino a todo un colectivo.Se trataba de un enemigo genérico construido por la prensa y los políticos de la Barcelona modélica. Barcelona, la ciudad que acababa de estrenar su llamada “ordenanza de civismo”, una ley higienista, marco legal perfecto para los planes de gentrifcación de algunos barrios céntricos, destinados al turismo. Los chicos detenidos aquella noche eran cabezas de turco que encajaban perfectamente, por su estética, con la imagen del disidente antisistema: el enemigo interno que la ciudad modélica había ido generando aquellos últimos tiempos.

Años después, dos policías son condenados a inhabilitación y penas de prisión de más de 2 años por haber torturado a un chico negro. La sentencia demuestra que los agentes mienten y manipulan pruebas durante el juicio. Para encubrir las torturas, acusan al joven de ser trafcante de drogas, pero el juez descubre un montaje: el negro es en realidad, hijo de un diplomático: el embajador de Trinidad y Tobago en Noruega.Estos agentes resultan ser los mismos que habían torturado a los jóvenes detenidos aquella noche del 4 de febrero de 2006 y algunos de los testigos que declararon en su contra durante el juicio. El mismo modus operandi en ambos casos. La única diferencia: el origen social de las víctimas.La enésima historia de impunidad policial, acompañada por buenas dosis de racismo, clasismo y la vulneración de derechos fundamentales, todo ello amparado por un sistema judicial heredero del régimen franquista y unos políticos obsesionados con el negocio inmobiliario que brinda la Marca Barcelona a costa de sus ciudadanos.

PATRICIA HERAS, LA POETA DIFUNTA.

Más allá de la ciudad de Barcelona, el personaje principal de CIUDAD MUERTA es Patricia, a quien vamos conociendo a través de su poesía y el testigo de sus amigas y exparejas sentimentales. Se trata de una joven estudiante de literatura, extremadamente sensible, que esconde sus inseguridades detrás de una estética excéntrica, alimentada por la cultura queer con la que se identifca.

La experiencia que le atraviesa a partir de aquella mañana del 4 de febrero de 2006, cuando es detenida junto con su amigo Alfredo en un hospital, da un giro radical a su vida. Dos años de angustia a la espera del juicio, agotando todos los ahorros de su vida para pagar abogados. Tres años de condena en la cárcel. A parte de destrozar su vida, estos hechos disparan su productividad literaria que va quedando registrada en un blog que titula de forma premonitoria: Poeta Muerta.

Patricia se suicida durante una salida de la cárcel, en abril del 2011. Esta película pretende ser un homenaje a ella.


La Fundación de UGT (IFES) presenta un ERTE para el 78% de su plantilla





La Fundación de UGT, Instituto de Formación y Estudios Sociales (IFES), ha presentado un Expediente de Regulación de Empleo Temporal (ERTE) para el 78 % de su plantilla "por la fuerte caída del mercado de la formación".

Según ha informado UGT, el IFES también ha justificado la presentación del ERTE en las "incertidumbres" del mercado de la formación para este año, pendiente de la implantación de un nuevo modelo.

La tramitación del ERTE se inició el pasado 8 de enero, tras la comunicación y entrega de la documentación a la autoridad laboral y a la representación legal de los trabajadores del IFES.

La aplicación de suspensiones y reducciones de contratos se llevará a cabo en todos los centros de trabajo de la Fundación durante 12 meses y afectará a 121 trabajadores fijos de 155, el 78 %.

Según el sindicato, el objetivo de la Fundación es sortear las dificultades actuales del mercado de la formación adoptando fórmulas que permitan la viabilidad de la institución y el mantenimiento de los puestos de trabajo.

Por ello, según estas fuentes, se ha optado por iniciar este ERTE para afrontar la situación que finalmente dependerá del nuevo modelo de formación.

Contrato



La posibilidad de encontrar un contrato es directamente proporcional a la calidad de mierda de éste.

Lamentablemente, en este mundo vivimos. En dos viñetas, el gran DanielDiosdado.




Contra la democracia (Miriam Qarmat)




Prefacio

El mito de los derechos y las libertades democráticos
El paraíso de los derechos del hombre y el ciudadano
La unidad contradictoria de la prosaica realidad
Las pretendidas «libertades obreras»
Correlación de fuerzas entre las clases y formalización
jurídica de una situación de hecho inevitable
Dos formas de interpretar la historia
¿A qué aspiran los «marxistas»?

«La mistificación democrática». Invariance número 6, 1969
Introducción
La mistificación democrática

De la libertad
¡La libertad es la esclavitud asalariada!
1. La libertad o los «hilos invisibles» y floridos de la relación social capitalista
2. La libertad del proletariado: trabajar o reventar de hambre
3. Comunidad humana contra libertad individual privada
4. El comunismo y la realización del reino de la libertad

«La libertad» (extracto). L’anarchie, número 205, 11 de marzo de 1909
«La cadena de los libres» (extracto). RICARDO FLORES MAGÓN,
Regeneración, 22 de octubre de 1910

APÉNDICE: Acerca del estado libre de la socialdemocracia

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Manifestación Alfon Libertad






En la buena dirección




'Alfon' es condenado a 4 años de cárcel


La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a cuatro años de cárcel a Alfonso Fernández Ortega, conocido como Alfon, por llevar un artefacto explosivo el 14N oculto en una mochila el día de la huelga general del 14 de noviembre de 2012. Esta condena se suma a la que recientemente le impuso un juez de lo Penal por un delito de resistencia a la autoridad que cometió el pasado 19 de junio de 2012.    

Alfonso Fernández

"Es un engaño que el trabajo asalariado sea la clave para liberar a las mujeres"


Silvia Federici (Italia, 1942) es una pensadora y activista feminista, un referente intelectual por su análisis del capitalismo, el trabajo asalariado y reproductivo, siempre desde una perspectiva de género. Profesora en la Universidad de Hofstra de Nueva York, Federici fue una de las impulsoras de las campañas que en los años setenta comenzaron a reivindicar un salario para el empleo doméstico. "El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo", defiende. La escritora está de gira por España: allá donde ha estado las librerías y salas se han llenado para escucharla. Su último libro publicado en español es "Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas", publicado por Traficantes de Sueños.

La escritora y activista feminista Silvia Federici. / Marta Jara

¿Es esta crisis económica una crisis también de igualdad?

Sí, es una crisis de igualdad y que amenaza especialmente a las mujeres. Hay muchas consecuencias de las crisis que impactan en las mujeres de forma particularmente intensa. Por un lado, los recortes de servicios públicos, de la sanidad, de la educación, de los cuidados, las guarderías... eso trae a las casas un montón de trabajo doméstico que todavía siguen haciendo mayoritariamente las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa pero siguen encargándose de este trabajo y tienen que absorber esta parte de tareas que antes eran públicas. Por otro lado, la crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo.

¿En qué momento diría que estamos entonces?

Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, pero en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiadas. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.

De hecho, usted dice que se ha identificado la emancipación de las mujeres con el acceso al trabajo asalariado y que eso le parece un error, ¿lo es?

Es un engaño del que hoy podemos darnos cuenta. La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportundiades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalarido, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital. Es algo que ha permitido vivir por su cuenta a muchas mujeres o bien que tuvieran un trabajo, mientras su pareja no lo tenía. De alguna forma esto ha cambiado las dinámicas en los hogares, pero en general no ha cambiado las relaciones entre hombres y mujeres. Y, muy importante, eso no ha cambiado las relaciones entre mujeres y capitalismo: porque ahora las mujeres tienen dos trabajos y aún menos tiempo para, por ejemplo, luchar, participar en movimientos sociales o políticos.

Es también muy crítica con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Algunos de ellos publican informes animando a la participación femenina en el mercado laboral, mientras alientan medidas de recorte que perjudican la igualdad y la vida de las mujeres...

Sí y esto es fundamental. Es un error no ver el tipo de planificación capitalista que se está desarrollando dentro del proyecto de globalización. Hubo una intervención masiva en la agenda y en las políticas feministas con el objetivo de usar el feminismo para promover el neoliberalismo y para contrarrestar el potencial subversivo que tenía el movimietno de mujeres en términos, por ejemplo, de lucha contra la división sexual del trabajo y contra todos los mecanismos de explotación. Por un lado, el trabajo de la ONU fue redefinir la agenda feminista y creo que fueron bastante efectivos. A través de  varias conferencias mundiales, por ejemplo, se presentaban así misma como la representación de las mujeres del mundo y de lo que es o no el feminismo. Por otro lado, su otro objetivo era 'educar' a los gobiernos del mundo en que algo tenía que cambiar en la legislación laboral para permitir la entrada de las mujeres en el trabajo asalariado.

¿Cómo salir entonces de esa trampa, cómo conseguir reivindicar la igualdad sin caer en esas trampas? Porque, por ejemplo, usted rechaza que las mujeres se incorporen en igualdad a los Ejércitos.

No a las mujeres en el Ejército, de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que los hombres también son explotados. Entonces, si decimos simplemente que queremos la igualdad con los hombres estamos diciendo que queremos tener la misma explotación que los hombres tienen. La igualdad es un término que congela el feminismo: por supuesto que en un sentido general no podemos estar en contra de la igualdad, pero en otro sentido decir solo que luchamos por la igualdad es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Creo que lo podemos hacer mejor que eso, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación. Por eso no a las mujeres en el ejército, porque no a la guerra, no a la participación en ninguna organización que nos comprometa a matar a otras mujeres, a otros hombres en otros países con el objetivo de controlar los recursos del mundo. La lucha feminista debería deicr en ese sentido que los hombres deberían ser iguales a las mujeres, que no haya hombres en los ejércitos, es decir, no a los ejércitos y no a las guerras.

¿Y cómo salir de la trampa en el caso del trabajo asalariado?

Esto es diferente porque en muchos casos el trabajo asalariado es la única forma en la que podamos ser autónomas y no estamos en la posición de decir no al empleo. La cuestión es considerar el trabajo asalariado como una estrategia más para la liberación, no como la gran estrategia para liberarnos. Por ejemplo, en EEUU la cuestión del trabajo reproductivo no se tiene en cuenta para nada e incluso cuando las mujeres luchan por liberarse de las tareas de cuidado eso solo se tiene en cuenta como una forma de que ellas puedan dedicar más tiempo al trabajo fuera de casa. El capitalismo devalúa la reproducción, y eso significa que devalúa nuestras vidas para continuar devaluando la producción de trabajadores. Es un asunto fundamental que no se está teniendo en cuenta. Así que no se trata de decir no al trabajo asalariado sino de decir que el trabajo asalariado no es la fórmula mágica para liberar a las mujeres. Las mujeres no están afuera de la clase trabajadora, la lucha feminista debe estar totalmente imbricada en la lucha trabajadora.

Entonces, ¿qué más estrategias se pueden seguir para conseguir esa liberación?

El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. El trabajo de cuidados no es un trabajo por amor, es un trabajo para producir a los trabajadores para el capital y es un tema central. Si no hay reproducción, no hay producción. Si ese trabajo que hacen las mujeres en las casas es el principio de todo lo demás: si las mujeres paran, todo para; si el trabajo doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no produciremos ningún cambio en ningún otra plano.

¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?

Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.

Sí, pero aún hoy son las mujeres las que hacen mayoritariamente ese trabajo, esa sigue siendo la tendencia a pesar de que ha habido otros cambios, ¿qué haría cambiar esa inercia?

La tendencia es esa porque la ausencia de salario ha naturalizado la explotación. ¿Te imaginas que los hombres hubieran hecho un trabajo industrial gratis durante dos años porque es lo propio de los hombres? Estaría totalmente naturalizado, igual que lo está el trabajo doméstico, que está ligado a la feminidad y a lo que se considera propio de las mujeres. En una sociedad conformada para las relaciones monetarias, la falta de salario ha transformado una forma de explotación en una actividad natural, por eso decimos que es importante desnaturalizarla.

¿Y la forma de desnaturalizarla es precisamente mediante un salario?

Sí, es un primer paso para hacerlo. Pero nunca vemos el salario como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación. Ya solo pedir un salario tiene el poder de revelar toda un área de explotación, de sacar a la luz que esto es un trabajo propiamente dicho, y que es esencial para el capitalismo, que ha acumulado riqueza gracias a ello.

¿No se corre el riesgo de perpetuar así la división sexual del trabajo?

No, es una forma de romperla. Se puede demostrar que la división sexual del trabajo está construida sobre la diferencia salario-no salario.

Sin embargo, en muchos países como España el trabajo doméstico ya está reconocido como tal (no con todos los derechos) y aún así ese trabajo sigue siendo femenino mayoritariamente, es decir, que esté remunerado no ha hecho que los hombres se incorporen a esos empleos. ¿Por qué pensar entonces que pagar por las tareas del hogar hará que los hombres se incorporen a ese área?

En una situación en la que el trabajo doméstico no es reconocido como trabajo y millones de mujeres lo hacen gratis en todo el mundo, las mujeres que lo hacen por dinero están en una situación de debilidad, de no poder negociar mejores condiciones. Yo espero que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reinvidicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural




Materiales para una crítica a la democracia




“En democracia, la libertad ha quedado reducida a elegir tu marca de 
detergente en los pasillos de un centro comercial”

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Contra la democracia (G.A.C.)




ÍNDICE

Presentación
Introducción: ¿por qué atacar la democracia?
La democracia: recorrido histórico
Crítica a la democracia actual
Revisando la historia del concepto “democrático”
Ley de mayorías
Derechos
Ley electoral 
Tolerancia, civismo y pensamiento democrático
Control social, familia y democracia
La especialización 
Los rostros tras la democracia
Democracias alternativas
Alternativas a la democracia
Notas

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La primera humillación del día







Cuando el trabajo te quita las ganas de vivir:


Cuando el trabajo te quita las ganas de vivir: estos son los empleos más depresivos

depresion trabajo

El trabajo dignifica. Ya, claro, claro. Por eso no paramos de buscar maneras de no tener que hacerlo. Como esa quiniela que echas cada semana aunque haya partidos como el Sabadell-Leganés. O como cuando no podemos esperar a que lleguen las vacaciones, y luego no paramos de quejarnos por que no nos llega para ir donde queríamos.

Básicamente, y como alguien dijo una vez, el trabajo es el chantaje de la supervivencia. Seguro que en algún momento has tenido cerca a algún compañero o compañera que ha tenido que coger una baja por ansiedad o depresión. Y seguro que, cuando alguien dice que se hizo rico a través del trabajo, inmediatamente has pensado: "¿a través del de quién?".

Existen, eso sí, puestos de trabajo más bajoneros que otros. Ahora, un estudio psiquiátrico publicado en Social Psychiatry and Psychiatric Epistemology ha revelado cuáles son los empleos más depresivos. Para realizarlo, se examinó a más de 200.000 residentes en Pensilvania que desempeñaban labores en 55 gremios diferentes.

Está claro: este es el típico estudio en el que no quieres quedarte en la posición número 1. ¿Adivinas quién lo hizo? Como pista te diremos que la próxima vez que montes en el autobús saludes al conductor. Igual le alegras un poco el día. El suyo, el de los conductores de transporte público, es el gremio con mayor tasa de depresión clínica. Le siguen los empleados de inmobiliaria, los trabajadores sociales y los trabajos relacionados con industrias manufactureras.


En el extremo más agradable del estudio se sitúan los empleados del sector recreativo, que incluye profesiones relacionadas con el deporte, el bienestar físico o las artes escénicas. Le siguen obreros de construcción de carreteras y los mineros.


¿Es casual que los trabajos con mayor tasa de depresión sean aquellos que incluyen mayor interacción con el cliente? No parece aventurado decir que la exigencia de un trato amable cuando estás realmente harto de tu trabajo a veces es una tarea titánica. Eso sí, entre la alienación del trabajo en cadena y el poner buena cara debería haber siempre un punto intermedio, no siempre fácil de conseguir. Al fin y al cabo, ¿quién es capaz de elegir su trabajo?

Por supuesto, habrá directivos que piensen que estos problemas no son cosa suya. Si esto no les toca el corazón, que lo miren por este lado: ¿cuánto dinero dejan de ganar al año por un trabajo desempeñado por personas a las que esa labor se les hace tan cuesta arriba?

Si no fuera necesario para vivir, ¿trabajaría alguien?



Retirando propaganda fascista


Empezamos el año retirando la propaganda fascista de los portales de la zona centro de Getafe



Parados denuncian la actitud de CCOO y UGT en Iruñea





Martes Al Sol y el Colectivo de Personas en Paro de Iruñerria han denunciado con una parodia "la actitud cada vez más bochornante de los sindicatos amarillos UGT y CCOO" ante sus sedes en el centro de Iruñea, y más en concreto su negativa a participar en el "Foro por el empleo" que estos colectivos junto a diferentes sindicatos están impulsando.



Hamburguesas VS valor


El trabajo asalariado siempre es explotación. Las condiciones de trabajo son, por supuesto, mucho mejores para un obrero de un restaurante sueco que para, por ejemplo, un niño que trabaja en una fábrica de zapatos en China. El problema es que sólo hay un mundo, donde las condiciones y la explotación de los obreros en Suecia y en China están conectadas entre sí. Si uno se toma en serio el cambiar al mundo, hay que atacar la base misma de la que depende el capital: el trabajo asalariado.

Kämpa Tillsammans “Hamburguesas vs valor”


Publicado en Riff-Raff nº 3-4, invierno-primavera de 2003. Se adjuntan al final dos notas críticas añadidas por Comunistas de Conselhos da Galiza, incluidas en la versión gallego-portuguesa del texto, publicada en Boletín Igneo, nº 3, primavera de 2005. En el texto se indican con asteriscos en rojo.


Este texto tiene dos objetivos. El primero es tratar de despertar un interés en el curso diario de la lucha de clases que se libra todos los días en todos los lugares de trabajo. Voy a tratar de mostrar que algo tan completamente falto de glamour y ordinario como trabajar en un restaurante, o más bien las pequeñas luchas ocultas que se libran contra el trabajo asalariado en ese lugar, son una parte del movimiento comunista . El otro objetivo es mostrar que los conceptos teóricos como capital, comunismo, valor de uso y valor de cambio no son algo abstracto y académico, sino más bien algo concreto que influye en nuestras vidas y que a su vez recibe nuestra influencia.

Hacer hamburguesas 

Mi último trabajo fue en un restaurante de hamburguesas. A pesar de que el restaurante no pertenecía a ninguna empresa multinacional como McDonalds o Burger King, era bastante grande y estaba abierto todos los días de la semana, su único horario de cierre era entre las 7 y las 10 de la mañana. La mayoría de las personas que trabajaban allí eran adolescentes o gente como yo en sus 20 años, en su mayoría muchachas. La mayoría tenía otro trabajo o iba a la escuela mientras trabajaba en el restaurante. Las personas iban y venían todo el tiempo. No aguantaban las condiciones de trabajo o creían que el salario era demasiado malo. La mayoría de los empleados estaban contratados ilegalmente y había que trabajar por más de un año para obtener un contrato normal y un salario normal. Antes de que eso pasara, eras un aprendiz con un salario mucho más bajo. Ser un aprendiz significaba también que el patrón podía despedirte cuando se le diera la gana. La mayoría de las personas que trabajaban allí decidían no trabajar en el restaurante por más de un par de meses. Todos estábamos constantemente en busca de otro trabajo u otra forma de obtener dinero. 

Mucha gente creía que los empleados estaban mejor en ese restaurante que, por ejemplo, en McDonalds. Pensaban esto porque el restaurante no era propiedad de una gran empresa, sino de un hombre, y también porque había rumores de que el propietario donaba dinero a los equipos de fútbol y a la beneficencia. Los que trabajábamos allí, sabíamos que esto no era verdad. Hubo gente de izquierda que incluso se atrevio a decirme que era bueno que yo trabajara en el restaurante, ya que no era una empresa multinacional y también a causa de los rumores acerca de la personalidad filantrópica del propietario. No entendían que el conflicto entre el capital y el proletariado se encuentra en todos los lugares de trabajo, se trate de un restaurante o de una fábrica, una pequeña empresa o una gran empresa, fuera propiedad de un particular o del Estado. Mientras exista el trabajo asalariado habrá capital, y mientras exista el capital habrá resistencia al mismo. Esta resistencia, la lucha de clases, no sólo se demuestra en formas dramáticas, como las huelgas, las ocupaciones y los disturbios, sino también en los pequeños intentos de escapar del trabajo y las luchas ocultas dirigidas contra el valor como el robo, el sabotaje y el trabajo a reglamento. Esta pequeña y oculta resistencia contra el trabajo asalariado ha sido descripta como termitas que lentamente erosionan los cimientos en los que el capitalismo se erige . Nosotros en Kämpa Tillsammans! denominamos a estas luchas como “resistencia anónima”, porque una de sus características es que son invisibles y anónimas, algo que a menudo también las convierte en invisibles para los “revolucionarios”.

El comunismo como movimiento 

El trabajo asalariado siempre es explotación. Las condiciones de trabajo son, por supuesto, mucho mejores para un obrero de restaurante sueco que para, por ejemplo, un niño que trabaja en una fábrica de zapatos en China. El problema es que sólo hay un mundo, donde las condiciones y la explotación de los obreros en Suecia y en China están conectadas entre sí. Si uno se toma en serio el cambiar al mundo, hay que atacar la base misma de la que depende el capital: el trabajo asalariado. 

El problema central para el capital es poner a la gente a trabajar para que puedan crear valor. Bajo el capital el trabajo como actividad humana y los medios de producción son apropiados de los hombres y, por lo tanto, se nos obliga a vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir. Nuestra actividad humana está secuestrada por la economía, que la separa de nosotros. Esto nos hace olvidar que de hecho somos nosotros los que, a través de nuestras propias relaciones sociales entre sí, y por nuestras propias acciones, creamos al mundo. El capital es un monstruo hecho por el hombre, y no un misterioso fantasma que flota sobre nuestras cabezas, fuera de nuestro alcance. La creencia generalizada de que las personas no pueden cambiar el mundo, o incluso su propia vida cotidiana, tiene su origen en esta separación. La sensación de sinsentido y la apatía también puede rastrearse en el hecho de que nuestra actividad está separada de nosotros y vuelta en nuestra contra como una fuerza extraña. Como alguien ha dicho, la noción de Marx de que la humanidad se realiza a sí misma a través de su actividad ha llegado a ser tan extraña que pertenece a otro mundo. 

Ese mundo –el comunismo- se manifiesta en las luchas y actividades que se libran contra el capital en los lugares de trabajo, en las escuelas, en las calles y en los hogares; no como una sociedad, por supuesto, sino como una tendencia, como un movimiento. Si el comunismo es un movimiento que se manifiesta ante nuestros ojos, entonces debemos observarlo. 

Si somos tan ciegos que no entendemos la importancia de la lucha de clases cotidiana, a pesar de lo débil y aislada que esté, entonces nunca entenderemos realmente que la dinámica detrás de estas luchas y actividades en curso es, de hecho, el comunismo en sí. Esta resistencia cotidiana es, en el peor de los casos, pasada por alto como algo que no es interesante en absoluto. Para las personas que tienen este punto de vista las únicas luchas que cuentan son las grandes luchas heroicas y glamorosas como las huelgas y ocupaciones de lugares de trabajo. O no les interesa la importancia de estas luchas para los obreros o, simplemente, no la entienden. Que la “resistencia anónima” se libre día a día contra el capital y el trabajo asalariado y que a veces incluso pueda ser más eficaz que estas luchas abiertas, y que también son los primeros pasos importantes para una mayor y más amplia comunidad de resistencia contra el capital, es algo que no alcanzan a ver. Que el comunismo oculta su rostro detrás de estas luchas es algo que ni siquiera creerían en sus más locos sueños. Para ellos el comunismo es un sistema económico a construir. No es un movimiento que nace del seno de la vieja sociedad, y no es una actividad que cambia fundamentalmente nuestra relación con el mundo, con el otro, con la vida misma.

Intentos de escapar del trabajo 

Como he dicho antes, la gente llegaba y se iba todo el tiempo del restaurante. La mayoría de las personas sólo trabajaban allí durante algunos meses y luego renunciaban. A menudo habían encontrado otro trabajo o se habían hartado del restaurante. Cuando yo trabajé en el restaurante sólo estaba el patrón, su hijo y los amigos cercanos del hijo que habían trabajado en el restaurante por más de dos años. El conflicto entre “los nuevos” (la mayoría de los que trabajaban allí) y los pocos que habían trabajado en el restaurante desde hace mucho tiempo, fue evidente desde el primer día de trabajo. Esto se veía con toda claridad porque eran el hijo del patrón y su amigo los que armaban el calendario de trabajo y, por lo tanto, siempre se quedaban con los mejores turnos. No sólo nosotros, que acabábamos de empezar a trabajar allí, sino también las personas que habían trabajado allí durante varios meses o incluso un año, obtuvieron los peores turnos de trabajo, principalmente por las noches, sobre todo las de los viernes y los sábados. También le informaban al patrón todo lo que hacíamos y decíamos, por lo que pronto fueron considerados como los espías del patrón. También fue esta gente la que nos dijo las reglas del restaurante –por ejemplo, estaba prohibido hablar de los salarios y compararlos entre sí. Esto por supuesto significaba que la primera pregunta que le hacíamos a un nuevo compañero de trabajo cuando lo conocíamos era cuánto ganaba. 

“Los nuevos” (la mayoría de los que trabajaban allí y que no habían trabajado más de un año) no se identificaban con su trabajo o su lugar de trabajo. Estábamos allí porque necesitábamos dinero y éramos abiertos entre nosotros sobre este tema. Los nuevos también eran más bien abiertos al hecho de que todos nosotros, de diferentes maneras, tratábamos de escapar del trabajo. 

Dos compañeros de trabajo y yo creamos algo que se puede comparar con un grupo de afinidad. Esto no era algo que habíamos planeado, aunque por supuesto habíamos conversado acerca de que nos desagradaba el trabajo, que pensábamos que el salario era malo y cosas así. Pero nunca habíamos hablado de tratar de crear algunas actividades contra el trabajo. Esto sucedió casi espontáneamente. La primera cosa que hicimos juntos fue que uno de nosotros marcaba tarjeta por el otro. No sé quién lo hizo la primera vez, pero este pequeño intento de escapar del trabajo fue algo que continuamos pero planificándolo en conjunto. Esto significaba que dos de nosotros podían entrar al trabajo muy tarde y se nos pagaba por el tiempo que no estábamos allí. También funcionaba muy bien para la persona que trabajaba sola porque al principio de los turnos a menudo no había nada que hacer. Teníamos que ser muy cuidadosos a fin de que el patrón o sus pequeños “espías” no nos atraparan. Después de esto, empezamos a tomar dinero de la caja registradora para jugar al pinball o escuchar música de la rockola o, a veces, llevarnos el dinero a casa. Una de las reglas del patrón era, por supuesto, que no se nos permitía escuchar música o jugar al pinball en el trabajo (aun si lo pagábamos con nuestro propio dinero), a la cual por supuesto no le dimos importancia. Si no tomábamos demasiado dinero de la caja el patrón no se daba cuenta de nada, ya que había un pequeño margen que permitía el ingreso de precio incorrecto en las cajas. Otra cosa que hicimos para conseguir dinero fue tipear el precio equivocado en las cajas de modo que el patrón no pudiera darse cuenta de que el dinero faltaba. Cuando jugábamos al pinball o simplemente holgazaneábamos teníamos que asegurarnos de no descuidar demasiado a los clientes, ya que muchas de las personas que solían ir al restaurante eran amigas del patrón. 

Si eras un aprendiz trabajabas con otros dos en el turno de la noche, pero cuando el patrón pensaba que habías aprendido las cosas más importantes, trabajabas con una única persona. Eso significaba mucho más trabajo. Para contrarrestar esto cometíamos un montón de pequeños “errores” para que el patrón creyera que aún no estábamos lo suficientemente maduros como para trabajar de a dos. Por supuesto era muy importante que no cometiéramos errores demasiado grandes –en ese caso directamente habríamos perdido nuestro trabajo. Teníamos que tener cuidado. Este intento de escapar del trabajo fue precisamente creado por error. Una noche había mucho por hacer por lo que no tuvimos listas todas las cosas que deberíamos haber tenido antes de comenzar el turno. Tuvimos que trabajar unos quince o veinte minutos extra y lavar los últimos platos, llenar los suministros de alimentos y demás. El patrón trabajaba cada turno de la noche de modo que cometíamos estos errores muy a menudo, lo que significaba que trabajábamos quizás unos quince minutos extra o algo así, pero todavía podíamos trabajar de a tres en los turnos de la noche, lo que lograba que la jornada de trabajo fuera mucho más fácil y divertida. 

Todos estos pequeños intentos de hacer al trabajo más divertido y menos alienante fueron algo que tratamos de difundir y hacer circular a otros compañeros con los que no solíamos trabajar. No hicimos esto hablando abiertamente sobre la forma de huir de trabajo. En cambio, tratamos de hacer que las actividades hablaran por sí mismas y, después de eso, podíamos ser más abiertos con ellos. Muchas personas por supuesto ya hacían estas cosas. Compartimos consejos y todos tenían su propia manera de hacer que la jornada de trabajo fuera menos agobiante y más divertida. Por ejemplo, compartí las experiencias de nuestro pequeño “grupo de afinidad” sobre la forma de retrasar el día de trabajo con otras personas con las que trabajaba, para que el patrón pensara que eran necesarias tres personas en los turnos. La mayoría pensaba que era mejor terminar un poco más tarde que tener que trabajar más duro todo el día. Una de las grandes debilidades de nuestros intentos de escapar del trabajo (aparte del hecho de que todos eran muy defensivos) fue que ni siquiera tratamos de involucrar a más gente, sobre todo a quienes habían trabajado en el lugar más tiempo que nosotros. Simplemente asumimos que todos eran leales al patrón y al lugar de trabajo.

Comunicación, comunidad y juego 

El hablar con los demás, la comunicación, fue, desde luego, un medio importante para pasarla mejor en el lugar de trabajo. Se volvió más importante para mí personalmente cuando los dos chicos en mi “grupo de afinidad” dejaron de trabajar en el restaurante. Mi situación laboral había cambiado drásticamente porque no sabía en quien podía confiar y en quien no. Por supuesto, como ya he explicado, la mayoría de las personas hacían cosas similares a lo que hacíamos con mis amigos, pero había algunas personas que le contaban al patrón y a su hijo lo que la gente hacía en contra de su lugar de trabajo. Una de las mejores maneras de saber si podía confiar en una persona o no fue, desde luego, hablar de las cosas de las que no se nos permitía hablar. Como por ejemplo, comparar nuestros salarios o preguntarle si trabajaba “ilegalmente” (no pagaba ningún impuesto) y, si ese era el caso, cuánto de la jornada de trabajo era ilegal. Cuando se hablaba de esto siempre quedaba claro de que “lado” se encontraba uno. Los que no hablaban de estos temas no eran fiables. Si respondían a la pregunta podía pasarse al paso siguiente. Por ejemplo, me atreví a robar dinero de la caja con muchas otras personas, algo que antes había hecho principalmente con mi “grupo de afinidad”. Al hacer estas pequeñas cosas ilegales y secretas se creaba un sentido de comunidad y solidaridad entre nosotros. Una forma de resistencia que fortalecía este sentimiento de comunidad y creaba vínculos entre nosotros era la cuestión de quién debía organizar el trabajo y la forma en que debía organizarse. El patrón habitualmente solía venir a los turnos y nos indicaba cómo teníamos que hacer el trabajo. Él quería dividir el trabajo, de modo que una persona se encontrara en la cocina, otra lavara los platos y otra hiciera las hamburguesas. Esto significaba que todos nos aisláramos e hiciéramos las cosas por nuestra cuenta. Afortunadamente no había casi nadie que obedeciera estas reglas. Tan pronto como el patrón se iba, organizábamos juntos las actividades del trabajo y nos ayudábamos mutuamente. Estas cosas pueden ser vistas como algo sin importancia, o incluso podrían ser vistas como una semilla de una futura autogestión del capital. Pero ese no era el caso porque creaba una comunidad entre nosotros que era importante y también hacía que la jornada de trabajo fuera más fácil y divertida. Era una resistencia contra el aburrimiento y la alienación. Era una forma de trabajar menos. Era un medio, no un objetivo. Si hubiéramos podido encontrar un mejor trabajo u otro lugar de donde obtener dinero, o si hubiéramos podido ser parte de un movimiento más general y abierto que se propusiera abolir el capital, entonces creo que hubiéramos dejado el restaurante en vez de tratar de de organizar el trabajo nosotros mismos. 

Todos los que trabajaban allí tenían diferentes formas personales de crear una jornada de trabajo más emocionante y divertida y tratar de crear una especie de comunidad. A menudo la gente hacía cosas que no parecían tener ningún propósito o significado más que ser divertidas. Pero a menudo estas cosas eran un ataque indirecto contra el lugar de trabajo. La gente trataba de utilizar las mercancías en los lugares de trabajo para sí misma en lugar de venderlas. Por ejemplo, algunos chicos jóvenes solían divertirse friendo por largo tiempo la comida que no se suponía que había que freir por largo tiempo. Pensaban que era divertido jugar con las cosas. Una chicaba solía hacer malabares con la comida y hacer un montón de cosas de circo con ella que eran bastante impresionantes.

Otro experimentaba con las salsas y utilizaba una gran cantidad de especias en ellas, a menudo tanta cantidad que tenía que tirarlas a la basura (cuando el patrón se enteró de eso, se enojó muchísimo). Todos trataban de utilizar las mercancías en el trabajo para sí mismos. En lugar de venderlas, las utilizaban y se divertían con ellas en su manera personal, extraña y, a menudo, bastante infantil. Éste fue un pequeño intento de obtener control sobre la actividad que había sido robada de ellos y de aligerar la jornada laboral. Eran acciones contra la alienación y el aburrimiento en el trabajo.

La lucha contra el valor 

En la sociedad capitalista una hamburguesa es como cualquier otra mercancía, no tiene valor porque pueda ser usada, sino porque puede ser vendida. Una hamburguesa no tiene valor porque uno pueda comerla, sino porque puede ser vendida a una persona que tiene hambre. Bajo el capitalismo las cosas no sólo tienen un valor de uso (como el de una hamburguesa que puede ser comida), sino también un valor de cambio (la hamburguesa, como cualquier otra mercancía, puede venderse). Esto no es algo “natural”, como el capitalismo quiere hacernos creer. De hecho hay un gran conflicto en la sociedad en torno a estas dos condiciones. 

El comunismo es una actividad que entre otras cosas trata de suprimir el valor de cambio. Significa la creación de una comunidad humana donde las actividades de los hombres, entre otras cosas, verán las cosas como valores de uso, y no como valores de cambio como bajo el capitalismo. Esto se demuestra claramente en la lucha de clases. 

La lucha de clases se dirige contra la mercancía y el valor de cambio. En el restaurante eso estaba claro cuando tratábamos de usar las cosas que podíamos encontrar en el restaurante directamente, sin mediaciones, para nuestras propias necesidades, a pesar de lo extraño que estas necesidades pudieran parecer. Por ejemplo, los chicos que se divertían friendo los alimentos hasta que estuvieran destruidos o la chica que hacía malabares con los comestibles. Pero tal vez las ocasiones más abiertas y visibles en que tratábamos de usar las cosas como valores de uso y no como valores de cambio era cuando robábamos los alimentos u otras cosas del lugar de trabajo. Esto era más bien riesgoso ya que el patrón tenía un control muy estricto sobre los comestibles y sabía cuánta comida compraba la gente en un día, pero igualmente los robos se producían de vez en cuando. El sabotaje en el restaurante también se dirigía contra la transformación de las cosas en mercancías y valores de cambio por el capital. Una vez destruimos una gran cantidad de alimentos (mercancía, valores de cambio y, en ese caso, también valores de uso) porque el patrón había estado bastante irritante con nosotros. Otro chico y yo estábamos muy enojados no sólo con el patrón sino con toda la situación, porque odiábamos el lugar, así que nos fuimos a la nevera y sacamos una gran cantidad de cajas de alimentos y las destruimos. Esto podría ser visto como algo más bien irracional y carente de sentido, pero para nosotros en ese momento se sintió muy bien y fue un verdadero alivio. Luego que hiciéramos eso pusimos las cajas destruidas en la nevera, y colocamos otras cajas y cosas sobre ellas, de manera que tomara algunas semanas antes de que el patrón u otras personas lo notaran, y entonces nadie sabría quién lo había hecho. El sabotaje y la destrucción de las mercancías eran algo más raro que otras cosas como, por ejemplo, los robos. Pero cada vez que pasaba notábamos que el patrón estaba muy intimidado al respecto, y después de que alguien hubiera destruido algo se comportaba en forma más “correcta” hacia nosotros. Otra cosa que ocurría y se dirigía contra el valor, era que la gente deliberadamente tipeaba el precio incorrecto en las cajas. No hacíamos esto para irritar el patrón, sino porque pensábamos que era demasiado caro comer allí y porque era otra forma de crear una pequeña comunidad entre nosotros. No se trataba de una comunidad de obreros, sino más bien de proletarios cansados de ser proletarios, una comunidad (por pequeña y aislada que fuera) de actividades dirigidas contra el trabajo y el valor, contra las condiciones que hacen que los seres humanos sean proletarios.

La lucha contra el valor es algo que puede observarse en todas partes de la sociedad, desde el robo en el trabajo y el saqueo de tiendas hasta las ocupaciones de viviendas y lugares de trabajo. El comunismo es una actividad, que pretende ser tan poderosa que destruya el valor a través de la apropiación por la humanidad de su trabajo y de los medios de producción de los que ha sido separada.* 

El patrón 

Aunque a la mayoría de los que trabajábamos en el restaurante no nos agradaba el patrón y sus maneras de lograr que trabajásemos más duro, no podíamos dejar de sentir un poco de lástima y compasión por él. Él trabajaba todas las noches de la semana, y sólo se tomaba vacaciones una vez al año durante una semana o dos. Todos trabajábamos con él a veces, y solía pasar el rato en el restaurante, así que lo hubiéramos querido o no, todos tuvimos una relación personal con él. Para algunas personas esto creó un sentimiento de tener que ayudarlo y comenzaron a identificarse con el lugar de trabajo. Ellos sentían que el restaurante era su lugar tanto como del propietario. Al restaurante no le iba bien económicamente y en verdad era el propietario el que trabajaba más duro de todos nosotros. A menudo nos preguntábamos por qué trabajaba tan duro y tan a menudo. No era necesario para su supervivencia trabajar cada noche. Incluso deseábamos que pasara más tiempo con su familia, de la que él solía hablar en la noche. Al principio yo sólo veía estas cosas como una especie de “moralidad de esclavo” burguesa y pensaba que era un obstáculo. Lo cual, por supuesto, de alguna manera fue así. Todos estábamos vinculados a él emocionalmente. Pero luego de un tiempo entendí que esto sólo afectaba marginalmente nuestras actividades contra el trabajo asalariado. Éramos impulsados por nuestros propios intereses y necesidades, lo cual no significaba que no sintiéramos lástima por nuestro patrón y le deseáramos otra vida. Nuestra indignación y nuestra resistencia eran dirigidas contra el propio lugar de trabajo en lugar de contra el patrón. La esencia del conflicto era sobre el hecho de que teníamos que estar allí para obtener dinero. Queríamos hacer otras cosas, estar con nuestros seres queridos, jugar en la playa o hacer otras cosas más significativas. No queríamos intercambiar nuestro tiempo y nuestra vida para obtener dinero. No queríamos el trabajo asalariado. Por supuesto que el patrón no era popular, pero el conflicto nunca fue “nosotros” contra “él”, más bien era “nosotros” contra la relación que nos aprisionaba en el restaurante. Por supuesto que algunas de las actividades fueron directamente dirigidas contra él, pero fueron muy pocas. La mayoría de nosotros pensaba que el hecho de que el patrón tuviera que sufrir por nuestras actividades que estaban dirigidas en contra de las relaciones sociales que nos apriosionaban allí, era una triste consecuencia. No hubo ningún ganador en el restaurante –ni el patrón ni los obreros .

Al igual que un pequeño capital 

El restaurante podría verse como un pequeño capital. El conflicto en el capitalismo es acerca de cosas mucho más esenciales que la diferencia entre quienes poseen los medios de producción y los que son despojados de ellos, o entre los ricos y los pobres. Existen, por supuesto, conflictos y diferencias reales entre los que poseen y los que no, y entre los ricos y los pobres. Y cuando el proletariado libra su lucha en contra del capital, ya sea oculta o abierta, necesariamente entrarán en conflicto con los funcionarios del capital. Ya que no son los capitalistas los que controlan al capital, es el capital el que controla a los capitalistas. No sólo los proletarios son intercambiables, también lo son los funcionarios del capital. En el capitalismo los seres humanos no valen nada como seres humanos. La única cosa que es importante para el capital es el papel que cumplen en la sociedad, un papel que otro puede asumir si una persona no lo cumple. La lucha de clases no es un proyecto tipo “Robin Hood” y el proletariado no sólo está formado por los pobres. Decir que el conflicto es entre los ricos y los pobres oculta la verdadera contradicción: la contradicción entre el comunismo y el capital. Y también da a la gente una falsa solución acerca de la manera en que el capitalismo puede ser destruido: sólo tenemos que acabar con los ricos. Esta es una formulación que pone a la realidad de cabeza, ya que no son los ricos los que crean al capitalismo. Es el capitalismo el que genera la riqueza y, por tanto, también la pobreza. Nos libraremos de esta diferencia si nos deshacemos del capitalismo. 

Si no son los ricos los que están en control, ¿entonces quién? Es la “ley del valor” la que rige al capitalismo y obliga a todos los ricos así como a los pobres, a la búsqueda de más y más dinero. Esta “ley” no puede ser domesticada, todos los intentos de hacerlo han fracasado o han sido aplastados. El valor debe ser destruido para que el mundo deje de moverse a su ritmo. Esto fue algo que se manifestó en una forma muy abierta en el restaurante. Por supuesto, nuestro patrón ganaba mucho más dinero que nosotros (y nosotros queríamos más dinero), pero al igual que nosotros, sus empleados, él tenía que trabajar para sobrevivir, él estaba obligado a acumular valor o caer en la quiebra. En las pequeñas empresas el propietario a menudo tiene que trabajar para sí mismo con los empleados, incluso a veces más a menudo y más duro que los obreros. El hecho de que fuera el dueño del restaurante y ganara mucho dinero de nuestro trabajo creaba un verdadero conflicto entre él y nosotros, pero nos hubiéramos engañado si pensáramos que todos los problemas se habrían resuelto si sólo nos hubiéramos librado del propietario. Incluso si el restaurante hubiera sido de propiedad estatal, o si los empleados lo hubiéramos administrado nosotros mismos, aún hubiéramos tenido que obedecer a la tiranía del valor y seguir las leyes del mercado y la economía. Esto también significa que la mayoría de los problemas que existían cuando el restaurante era de un propietario privado todavía existirían si la propiedad hubiera cambiado. Como he dicho antes, el capital gobierna a los gobernantes e intenta reducir a todos, tanto ricos como pobres, a algo que es útil para el capital. Sólo tolera a las personas que obedezcan al capital y sean seguidores pasivos de la economía. 

Las condiciones del capital son simplemente que la actividad de la humanidad ha sido separada de ella y que somos nosotros mismos quienes sostenemos esta separación a través de nuestras propias relaciones sociales. Somos, de hecho, nosotros quienes creamos el capital, por lo tanto también nosotros podemos destruirlo. El capital sobrevive principalmente a través de nuestra propia pasividad (por supuesto no podemos cambiar esta pasividad simplemente deseándolo o a pura voluntad), pero también tiene instituciones como la policía, el ejército, la moral, y la jerarquía que lo protegen. Incluso la izquierda y el movimiento obrero lo apoyan directa o indirectamente. El programa de la izquierda es principalmente acerca de CÓMO las personas deberían gestionar la producción. Los socialdemócratas y los leninistas quieren la propiedad estatal de la producción, los libertarios y los consejistas** quieren que los propios obreros se apropien de la producción y ambos quieren distribuir los beneficios de manera justa e igualitaria. El comunismo, por supuesto, es acerca del autogobierno pero está dirigido principalmente a QUÉ la gente debe y puede gestionar.

Si el capital es la pasividad donde nuestras actividades no nos pertenecen y donde las personas no creen que puedan cambiar su propia situación, entonces el comunismo es actividad y movimiento. Un movimiento y una tendencia que están presentes en la lucha de clases, en la vieja sociedad, que trata de abolirla y una actividad que significará el final de las separaciones y mediaciones y, por lo tanto, la destrucción del valor, de la economía y del trabajo. Se trata de un mundo sin dinero ni beneficios. Lo cual no significa algún paraíso terrenal o que los hombres se convertirán en ángeles. Sólo significa un mundo en el cual la actividad de la humanidad le pertenezca a la propia humanidad, algo que seguramente dará lugar a nuevos e imprevistos problemas, conflictos y contradicciones. 

¡Nosotros somos la contradicción! 

Marcel y Gillés Dauve 

El trabajo es nuestra actividad separada de nosotros, convertida en algo que alimenta a la economía y nos domina. Y este proceso puede cambiarse porque somos nosotros los que los alimentamos. Nosotros somos la contradicción. Ningún trabajo es exclusivamente impuesto desde el exterior. Siempre supone algún tipo de cooperación a partir de la base, como el obrero de Renault Daniel Mothé demostró en sus artículos para Socialisme ou Barbarie durante la década de 1950. Lo que hemos descripto como pequeños robos, sabotaje a pequeña escala y diversión (todo lo cual implica auto-organización) es también lo que hace que el restaurante sea tolerable. La resistencia al trabajo es una forma de recuperar parte de la “humanidad” de la que nos priva el trabajo: por lo tanto, hace que nuestra jornada laboral sea menos alienante. Negar esto es no comprender cómo funciona el capitalismo, y por qué continúa existiendo a pesar de sus numerosos horrores. La auto-organización de la vida laboral (y de sus luchas) es también, paradójicamente, una condición para una posible revolución. 

El significado del movimiento comunista no es librarnos del aspecto doloroso del trabajo y trasladar su carga a las máquinas que trabajarán para nosotros, mientras nosotros nos dedicamos a hacer banquetes, escribir poemas y hacer el amor. (En la Antigüedad, cuando existía poca maquinaria, Aristóteles justificaba el trabajo manual en condiciones de esclavitud, ya que permitía a la élite tener una vida buena e intelectual.) El lector comprenderá que no anhelamos una sociedad en la que cada segundo sea divertido. Dejemos tales sueños a Vaneigem. 

Esto se relaciona con el contenido del trabajo realizado en tal restaurante. Toda la comida rápida es una expresión de una sociedad donde el tiempo es dinero, y los actos humanos vitales como comer tiene que ser realizados en el tiempo más breve (= más rentable) posible. Las hamburguesas, sin embargo, son sólo un ejemplo entre muchos. Los filetes (anteriormente un símbolo de la civilización occidental) son otra forma de cocinar y engullir rápidamente las suficientes calorías y proteínas para enviar al apresurado hombre moderno a su fábrica o la oficina. Lo mismo cabe para las ensaladas de cafetería que se han hecho populares en los últimos veinte años. Los filetes de carne transmiten una imagen tosca y varonil, mientras que las ensaladas van con una actitud supuestamente más suave, más abierta, más afeminada. Y una compañía multinacional de comida exitosa y de moda se denomina a sí misma Slow Food.

Somos lo que comemos... Es cierto, pero también somos lo que hacemos. Comemos como vivimos. Sería ingenuo suponer que puede existir o existirá una mejor forma de alimentación, la única y mejor salud alimenticia. Aquí el lector también comprenderá que no estamos abogando por una alimentación universal orgánica y vegana. 

Diciembre, 2002

Notas críticas añadidas por Comunistas de Conselhos da Galiza

* Aunque Marcel considera que el comunismo “destruye el valor a través de la apropiación por la humanidad de su trabajo y de los medios de producción”, a lo largo del artículo existe una confusión entre la categoría “valor” y la categoría “capital”.

  La existencia del valor significa que los productos no se intercambian en función de su valor de uso, que la distribución de la riqueza no está determinada directamente por las necessidades sociales, y que los trabajos se relacionan entre sí como trabajos privados. O sea, en la categoría del valor se condensan las condiciones de funcionamiento de la economía mercantil. Pero la producción mercantil ya existía antes del capitalismo: es sólo antesala histórica. El capitalismo significa que la producción de mercancías subsume el trabajo social, transformándolo en trabajo asalariado, y que el trabajo es subordinado a la acumulación de riqueza en forma de valor. Efectivamente, el capital, en cuanto movimiento de acumulación de riqueza, adopta la forma general propia de la producción de mercancías: el valor. Pero el capital no es ya una relación de separación entre los productores y su producto en la circulación, sino una relación de separación entre los productores y su producto en la producción. 

  El capital implica, pues, la existencia histórica y actual del valor como forma abstracta de la riqueza, pero la existencia del valor no implica la existencia del capital. Por eso, la lucha contra el valor no significa necesariamente una lucha contra el capital; solamente cuando la lucha contra el valor se dirige directamente contra el proceso de valorización del capital, cuando se dirige contra la subordinación del trabajo vivo al trabajo muerto, entonces podemos hablar de comunismo en un sentido revolucionario. Si no, cualquier supresión del valor por medio del robo o de la usurpación de la propiedad privada podría considerarse como una práctica revolucionaria; pero, incluso cuando estas expropiaciones de mercancías dan lugar a formas de propiedad comunales (un comedor popular, un centro social ocupado), estamos hablando de formas de comunismo primitivo que, igual que las antiguas formas de propiedad comunal que subsisten aún hoy, no suponen por sí mismas ningún antagonismo radical con la existencia del capital como relación social. 

  En resumen: la lucha contra el valor en el restaurante de Marcel está, de hecho, orientada a socavar la valorización del capital, pero la lucha contra el valor en los ejemplos del "saqueo de tiendas" o de la "ocupación de viviendas" no lo está habitualmente. Incluso cuando se lucha contra la mercantilización de ciertas cosas, como por ejemplo los genes de la especie humana, se está luchando en principio no contra el capital, sino contra su expansión en cierta área de la vida -contra su dimensión cuantitativa que es la que adopta la forma del valor-. El proletariado es revolucionario no porque esté movido a suprimir la forma mercantil de la riqueza, sino porque está movido a suprimir la forma de capital que adoptan las condiciones y los medios de producción y reproducción de su vida. Y hará esto superando la relación social en la que el ser humano se autoaliena en su actividad genérica básica -el trabajo-, al mismo tiempo que comenzará a sobrepasar la división entre trabajo y ocio, mediante un desarrollo universal de las capacidades y de la actividad humanas.

  Es cierto que la mayor parte de las mercancías y de la riqueza en circulación son hoy formas del movimiento del capital, y en este sentido todo ataque al valor perjudica la valorización del capital; pero la diferencia es que, en un caso el ataque afecta sólo al capital en su existencia particular, a unos capitalistas sueltos, mientras que, en el segundo caso, la acción revolucionaria del proletariado ataca al capital como relación social, en su esencia.


** Si se considera el comunismo de consejos como corriente en desarrollo -desde comienzos del siglo XX-, entonces se verá que es falso que se le otorge más importancia al problema de la gestión de los medios de producción que al del desarrollo de la clase obrera como sujeto revolucionario. Es más, la importancia del "problema de la gestión" en el comunismo de consejos está directamente conectado con el problema de la supresión de la relación del capital, con el contenido de las relaciones de producción comunistas. Y, a su vez, el problema del desarrollo espiritual del proletariado se vincula también al desarrollo de nuevas relaciones sociales. Ambos enfoques están particularmente bien claros en el pensamiento de Anton Pannekoek, pero también en el de Otto Rühle y Paul Mattick, por nombrar a los teóricos más importantes. La misma crítica de Marcel podría, de hecho, aplicarse al propio Karl Marx. Pero, si Marx dejó a un lado -sin por eso abandonarla- la teoría del trabajo alienado después de su época de "juventud", fue porque entendió que entre conciencia y práctica existe una correspondencia real y que la posibilidad efectiva de la supresión del capital está ya implícita en el desarrollo autónomo del movimiento proletario. 

  El hecho de que la supresión del capital se formule como un problema de gestión indica que ésta se está pensando en el contexto, o bajo la influencia, de una tendencia al desarrollo masivo de la autonomía del proletariado. Esto fue lo que ocurrió, o parecía ocurrir, durante el proceso de la Revolución alemana de 1918-1923. Con todo, en el período inmediatamente precedente y en el período subsiguiente, encontramos una mayor orientación hacia el problema del desarrollo de la conciencia revolucionaria. El hecho de que los grupos revolucionarios que se reclamaron del comunismo de consejos, posteriormente a la ola revolucionaria de los años 20, comenzasen a caer en tendencias espontaneistas, en el fetichismo de la organización y de los consejos obreros, es un producto del aislamiento y de la desesperación prácticas, no algo inherente al pensamiento consejista. La misma posibilidad de que se ponga juntos a "libertarios y consejistas" indica que éstos "consejistas" retrocedieron al anarquismo en lugar de proseguir como una corriente independiente y enraizada en el marxismo original.

  La posición que adopta Marcel refleja, a su vez, que para él el problema de la gestión y del sujeto revolucionario se presentan como separados, precisamente porque así lo están en la época actual, porque no existe un movimiento revolucionario del proletariado en ascenso. La existencia de este movimiento significaría, simultáneamente y como su condición vital, el desarrollo de las capacidades totales del proletariado y la creación de nuevas relaciones sociales -la "aufhebung" del estado presente-. Con todo, estamos de acuerdo con Marcel en que el gérmen de este nuevo movimiento proletario puede verse ya en las formas de rebelión y lucha, inmediatas y ocultas, contra la valorización del capital.